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ANALISTAS 24/06/2026

La ejecución de la estrategia cambió

Hernán David Pérez
Asesor en transformación digital y productividad

Hoy muchas empresas no fallan porque no tengan estrategia. Tampoco porque les falte tecnología, talento o indicadores. Fallan porque la ejecución sigue una lógica diseñada para otra época: reuniones periódicas con reportes retrospectivos y seguimiento a planes y conversaciones basadas en información incompleta o tardía.

En 2002, Larry Bossidy, exCEO de Honeywell, y Ram Charan publicaron Execution: The Discipline of Getting Things Done, un libro que puso sobre la mesa una idea poderosa: la ejecución no es una tarea operativa, sino una disciplina central de la gestión. Más de dos décadas después, esa idea sigue siendo válida, pero requiere renovarse ante el nuevo contexto tecnológico:

1. La ejecución necesita “datos vivos”. Ejecutar no es simplemente “hacer tareas” ni resolver problemas operativos. Es una disciplina gerencial central que debe practicarse de manera sistemática. Antes bastaba con hacer seguimiento a planes e indicadores; hoy la ejecución requiere un factor adicional: la organización debe estar en capacidad de convertir lo que sucede en la operación en datos vivos, para entender lo que está pasando en tiempo real.

2. El líder debe comprender el impacto de la tecnología en la ejecución. Los autores expresaban que el líder debía ser responsable directo de convertir la estrategia en realidad mediante la ejecución. Hoy, la IA puede apoyar la formulación de la estrategia e incluso acompañar la ejecución de algunas tareas operativas. Precisamente esta interacción entre personas e IA obliga a que el líder entienda cómo los datos, la IA y la automatización de procesos transforman la ejecución.

3. La organización debe desarrollar nuevas capacidades. En el libro se enfatiza que la estrategia tiene sentido cuando se valida que la organización cuenta con las capacidades, recursos y líderes necesarios para llevarla a cabo. Hoy, la arquitectura de datos, los flujos de trabajo digitales y los modelos de IA son parte fundamental de la formulación y despliegue de la estrategia, por lo que se debe validar que la organización ha desarrollado las competencias y el liderazgo necesarios en estos campos.

4. Conversaciones francas basadas en datos. Charan y Bossidy enfatizaban que la ejecución necesita diálogo honesto. Las reuniones deben ser espacios para confrontar supuestos, identificar problemas y tomar decisiones. Hoy es necesario que esas conversaciones honestas estén guiadas por datos que permitan ver lo no evidente. Esto obliga a que el líder confronte no solo la realidad que muestra el dato, sino que valide su confiabilidad, trazabilidad, contexto y posibles sesgos.

5. La lógica anticipativa. El libro hace hincapié en que la ejecución ocurre cuando hay cadencia: reuniones, revisión de métricas, responsables claros y consecuencias. En ese modelo tradicional, el seguimiento consistía en revisar indicadores después de que algo ocurría. En el modelo digital, la ejecución debe moverse hacia una lógica anticipativa, partiendo no solo de tener datos en tiempo real, sino también de complementarlos con análisis predictivos sobre lo que podría ocurrir.

Al final, la tecnología no transforma empresas por sí sola ni sustituye la responsabilidad gerencial sobre las decisiones y los resultados. Transforma cuando cambia la forma en que una organización ve, decide y ejecuta.

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