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Inconveniencias digitales

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Javier Villamizar

En los Estados Unidos, Amazon, el gigante del comercio electrónico ha venido expandiendo su oferta de entrega de paquetes en menos de 24 horas a varias ciudades del país generando una transformación en los hábitos de consumo de sus clientes. Este tipo de ofertas de servicio son parte de esta cultura de la inmediatez, donde nos empezamos a acostumbrar a pedir algo por internet y esperar tenerlo en casa el día siguiente, al igual que nos pasa con el consumo de videos y películas en los servicios de “streaming” por medio de los cuales cuando queremos ver algún contenido, abrimos el “Netflix” de turno y la tenemos disponible instantáneamente. Y cuando hablamos de comunicaciones y mensajería, la situación es aún peor.

Nos hemos acostumbrado al uso de plataformas como WhatsApp, donde enviamos un mensaje y de inmediato llega al otro, el cual de inmediato es contestado, donde los tiempos de espera son muy cortos y se crea la expectativa de que las respuestas deberían recibirse de manera casi inmediata. Este tipo de servicios digitales, particularmente para las nuevas generaciones ha empezado a dificultarle a los consumidores el ser pacientes, siendo precisamente la paciencia, un valor que universalmente es bueno.

Otro efecto negativo de las plataformas digitales modernas es el incremento exagerado de la congestión vehicular generado por el crecimiento de los servicios de entrega de paquetería y de comida. Si bien el crecimiento de las redes de transporte compartido como Uber y Didi ha causado un incremento en el número de vehículos circulando en las ciudades donde ellas operan, la proliferación de camiones, motocicletas y bicicletas utilizadas para la entrega de mercancías ha empeorado el problema a una mayor escala con la adición diaria de vehículos en las ya congestionadas calles de ciudades con infraestructuras subdesarrolladas. Incluso, en ciudades del primer mundo, como Nueva York, como resultado del incremento de vehículos destinados a transporte de pasajeros, entregas y logística de última milla, los automóviles en las zonas más concurridas de Manhattan hoy en día, se mueven aproximadamente un 23% más lento que al comienzo de la década.

El efecto del exceso de vehículos en las calles no solo se ve reflejado en la congestión, sino potencialmente en la contaminación del medio ambiente. Según un estudio reciente, en la ciudad de Barcelona, las furgonetas que a diario entregan paquetería para compañías de comercio electrónico suponen casi un 20% del total de vehículos que circulan y registran cerca del 40% de las emisiones contaminantes.

Este fenómeno hace pensar a muchos en la necesidad de una regulación un poco más estricta que restrinja la actividad comercial logística a determinados horarios, que instituya procedimientos para evitar obstaculizar el tráfico en ciertas zonas durante el reparto de mercancías y que obligue al uso de vehículos no contaminantes para la prestación de estos servicios.

Lo que es innegable es que, ya sean compras o comida, nuestro consumo cada día con más frecuencia vendrá a nuestros lugares de residencia en lugar de ir nosotros por ellos, con el subsecuente efecto que conlleva este incremento de tráfico vehicular de necesidades de rediseño del espacio urbano. El reto para los administradores de ciudades y municipios se vuelve aún más difícil considerando que el espacio urbano sigue siendo el mismo, pero necesita ser repensado para adecuarse a los requerimientos que suponen estos cambios en los hábitos de consumo.

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