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El negocio imposible del “hardware”

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Hace pocos días la compañía china Xiaomi anunció su salida a la bolsa con bombos y platillos, un evento que se venía cocinando por varios meses y que había generado altos índices de expectativa en los medios tecnológicos y financieros.

Los banqueros a cargo de la operación llegaron a estimar una valoración de la compañía que superaba los US$100.000 millones, pero tuvieron que transarse con una cifra cercana a 50% de lo esperado en reacción al escepticismo mostrado por el mercado y los potenciales inversionistas y al ruido que ha generado la potencial guerra comercial entre China y Estados Unidos, producto de las recientes medidas comerciales del gobierno del presidente Trump.

La situación de Xiaomi, quien es considerado por muchos, el “Apple” de China no es nada fácil porque aunque la compañía se presenta como un ecosistema de aplicaciones, tecnología y una plataforma de comercio electrónico, la realidad es que su modelo de negocio está altamente concentrado en el desarrollo y venta de “hardware”, lo que se refleja claramente en sus estados financieros que indican un margen bruto alrededor del 5%, una cifra considerablemente distante de la del gigante de Cupertino.

La gerencia de Xiaomi es consciente de su dependencia en la producción de dispositivos móviles como teléfonos inteligentes, tabletas y “smart watches” y le ha apostado su futuro a la expansión de su plataforma de servicios y aplicaciones donde los márgenes son considerablemente mas jugosos.

El caso de Xiaomi es similar al de muchas otras empresas de tecnología que entraron al mercado como fabricantes de “hardware” y con el paso de los años se vieron en la forzosa necesidad de transformarse en empresas de servicios. Al igual que IBM lo vivió en los años 90 y el mismo Apple a principios de este siglo, las empresas dedicadas al desarrollo y producción de computadores y teléfonos móviles están destinadas a evolucionar sus modelos de negocio o quedar relegadas.

Hoy en día, Apple es probablemente la única empresa del sector que ha desarrollado exitosamente una estrategia de crecimiento que aunque todavía depende considerablemente de la venta de dispositivos, ha conseguido la expansión de sus márgenes y el crecimiento de su ecosistema de servicios.

Apple implementa un modelo de integración vertical que arranca desde la obtención de la materia prima y la propiedad intelectual, la transformación de la misma, hasta la distribución al consumidor final (Apple Store), pasando por el desarrollo, investigación y diseño de sus propios productos. La estrategia de esta compañía consiste en integrar el desarrollo de “hardware” y “software”, dos áreas que exigen conocimientos, talentos y tecnologías diferentes pero que permite controlar la experiencia que el usuario tienen con sus equipos en forma y fondo, con una personalidad, una filosofía y un ADN consistente en todo lo que lleva su marca.

El reto que enfrentan empresas como Xiaomi tratando de imitar el modelo implantado por Apple no es fácil, porque la única manera de lograr eficiencias en la fabricación de productos electrónicos es a través del volumen y aunque Xiaomi ha logrado altos indices de participación de mercado en China, sus ventas en otros mercados son todavía insignificantes.

Por otro lado, los mercados financieros han sido lentos en cambiar su visión de como un volátil fabricante de hardware, vulnerable a las fluctuaciones del mercado de la electrónica de consumo puede transformarse en una compañía de “software” y servicios cuyos ingresos son estables y recurrentes.

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