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El juego interminable de la propiedad intelectual

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Imaginémonos por un instante que la persona o compañía que inventó el sistema de inyección para los motores de combustión interna, recibiera como pago por concepto de regalías por el uso de su propiedad intelectual, un porcentaje del valor comercial de venta de cada vehículo que utiliza dicha tecnología. En principio podría sonar razonable, pero al analizarlo en detalle no es difícil darse cuenta que la compensación resultaría exagerada, particularmente en el caso de vehículos cuyo precio de venta es considerablemente mayor al promedio y donde el costo del sistema de inyección es porcentualmente insignificante con respecto al costo del vehículo.

Es este tipo de mecanismo de compensación el que tiene a la empresa norteamericana Qualcomm en un tinglado legal con la mayoría de sus clientes y lo que se dice ha motivado la decisión de Broadcom, uno de sus grandes competidores, de hacer una oferta multimillonaria para quedarse con el control de la empresa fabricante de microprocesadores y propietaria de uno de los arsenales de propiedad intelectual más grandes de la industria de telecomunicaciones.

Una de los casos legales que más impacto podría tener en la industria se centra en definir cuánto debería pagar Apple a Qualcomm por el uso de las patentes de tecnología que se incluyen en el iPhone. Apple argumenta que las regalías están basadas injustamente en el valor total del teléfono en lugar de calcularse como un porcentaje del valor del módem inalámbrico que permite la conexión del dispositivo a las redes móviles. De la misma manera, Apple argumenta que el derecho a usar la propiedad intelectual es parte del monto que Apple paga cuando compra estos “chips” a Qualcomm. Como parte de esta batalla legal, Apple ha empezado a retener los pagos de regalías a Qualcomm, en contraprestación, la empresa fabricante de “chips” ha solicitado a la Comisión Federal de Comercio (FTC), la prohibición de importación de los teléfonos iPhone en los EE.UU.

El argumento de Apple, ha resonado con otros fabricantes, que hasta el día de hoy estuvieron resignados a pagar el denominado “impuesto Qualcomm”, haciendo que cada vez se escuchen mas fuertes la voces que dicen que la compañía basada en San Diego, California, se ha vuelto perezosa y ya no se dedica a la innovación, ya que su negocio se construye alrededor de tecnologías viejas, con la que recoge las regalías.

Este interminable juego legal entre compañías que han tenido una participación estratégica en el desarrollo de las telecomunicaciones, tendrá eco en la industria inalámbrica durante muchos años, e incluso podrá conducir a cambios drásticos en el mercado de telefonía móvil, ahora que nos encontramos ad portas de una nueva evolución tecnológica hacia los sistemas de quinta generación (5G). En 2016, Qualcomm era dueño de 65% del mercado de módems móviles y de más de 50 % de las ganancias. Estas cifras sin duda se verán afectadas significativamente a medida que las demandas progresen y se llegue a una restructuración de los acuerdos de pago de regalías por propiedad intelectual.

Aunque existan políticas internacionales promulgadas por la OIT y otras instituciones enfocadas a la protección del comercio, las mismas han demostrado que no son eficaces por sí solas para superar una situación como la que se vive en el mundo de la tecnología móvil, siendo necesario recurrir al derecho de la competencia para prevenir y reprimir comportamientos incorrectos de las empresas que abusan de su posición privilegiada, poniendo en riesgo la competencia en el mercado.

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