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El inevitable fin del dinero físico

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Javier Villamizar

Cada vez que tengo la oportunidad de visitar China observo cómo, al tratar de pagar en efectivo incluso con tarjetas de crédito, los comerciantes me miran raro, como si fuera un dinosaurio. La norma en ese país es el uso de plataformas de pago digital como AliPay y WeChat Pay y el pagar en metálico se ha quedado completamente en el olvido. En China se pagan con el teléfono móvil a través de un código QR, las compras en un centro comercial, así como el café en la tienda de la esquina.

En Suecia el fenómeno es similar, muchos comercios cuelgan avisos de “No aceptamos dinero en efectivo” y la mayoría de las oficinas bancarias no permiten depositarlo o retirarlo. Se estima que un tercio de los ciudadanos ya no utiliza nunca billetes o monedas, solamente el 1% del valor de todos los pagos en ese país se mueve con efectivo y en los comercios únicamente el 20% de las transacciones sigue siendo con dinero “contante y sonante”. La eliminación natural del dinero físico no causado, por ahora, problemas económicos o sociales.

Esta evolución hacia el dinero digital no es solo privilegio de economías fuertes y desarrolladas, como lo demuestra la transición al dinero digital en Kenia. Tras introducir una aplicación de pagos oficial y lograr que el 60% de las transacciones se realicen de manera digital, el país africano donde el 80% de la población utiliza teléfonos móviles, ha logrado un aumento de la productividad y de los ingresos de los hogares, además de reducir los robos a particulares y negocios. Kenia se adelantó al mundo con una visión brillante y positiva de empoderar a los excluidos de los servicios del sector financiero en África.

Desafortunadamente esta tendencia todavía no ha alcanzado masa crítica a nivel mundial, como lo demuestra un estudio reciente que indica que el 85% de todas las transacciones de consumo en el mundo se realizan en efectivo. Lo paradójico del asunto es que en un país como los Estados Unidos, que se ufana de estar a la vanguardia de la tecnología, algunos políticos y reguladores parecen ir en contravía, como lo demuestra la reciente movida del alcalde de Filadelfia, quien firmó una controversial ley que obliga a los comercios en su ciudad a aceptar pagos en metálico.

Defensores del efectivo como Daniel J. Mitchell, doctor en Economía de la Mason University de Washington, ven en el efectivo una forma de libertad personal y piensan que su eliminación y la transición a una moneda 100% digital, puede convertirse en una herramienta de control a potenciales disidentes y opositores a los gobiernos, al poner en manos de ellos, un mecanismo de control al libre flujo de dinero y la eliminación del derecho al anonimato.

En Latinoamérica, el movimiento hacia el dinero virtual empezó hace unos años con el lanzamiento de las billeteras virtuales de compañías como Mercado Libre. Recientemente plataformas digitales como Rappi y Cabify han comenzado a ofrecer servicios similares como una forma de simplificar el pago de sus servicios y como una estrategia de fidelización de sus clientes.

Si bien es cierto en primera instancia los más afectados serían los jugadores de la economía informal, una sociedad sin efectivo tendría muchas ventajas incluyendo el ahorro en costos de transporte y custodia de monedas y billetes, una facilitación de la lucha contra el fraude fiscal y el crimen organizado, un empuje fuerte a la inclusión financiera de los menos privilegiados, así como una reducción en los robos.

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