.
Analistas 06/03/2021

El “criptoarte” llegó para quedarse

Javier Villamizar
Managing Director

La casa de subastas Christie’s ha sido un jugador importante en los últimos años en el comercio de arte a nivel mundial. Su fama y reputación se refleja en el hecho de haber llevado a cabo las mayores subastas de la historia del arte desde que se fundó en 1766, incluyendo la de la pintura más costosa de la historia; nada más y nada menos que el “Salvator Mundi” de Leonardo da Vinci por US$405 millones.

En estos dias, Christie’s está haciendo otra vez historia al anunciar la subasta de una obra de arte digital llamada ‘Everydays: The First 5000 Days’ creada por un artista emergente y poco conocido en el mundo de las bellas artes llamado Mike Winkelmann, quien usa su alias, Beeple en redes sociales. La obra es un collage de algo más de 5.000 imágenes creadas (una por día) por este artista en los últimos 13 años. Beeple lleva años diseñando artes visuales y piezas gráficas para grandes marcas como Apple y Louis Vuitton, pero en los últimos meses ha ganado millones con sus obras digitales, convirtiéndose en el máximo exponente de esta revolución que el arte y el coleccionismo podrían vivir con la llegada del “criptoarte”.

La popularización de la tecnología conocida como blockchain, en la cual se basan las criptomonedas como bitcoin y ethereum ha sido el catalizador que ha acelerado el interés por esta nueva forma de crear y comercializar arte digitalmente. Los beneficios de intercambiar arte digital en blockchain son muy similares a los que ofrece hacer transacciones con criptomonedas, donde el sistema distribuido garantiza la seguridad de estas y se mantiene un cierto nivel de anonimidad. Este nuevo medio de explotación del arte, además permite a los artistas independientes que no cuentan con recursos, apoyo o conexiones con grandes galerías, expandir o lanzar sus carreras artísticas.

Esta nueva revolución tecnológica en el mundo del arte está atada al concepto de los tokens no fungibles (NFTs por sus siglas en inglés), donde cada NFT representa una obra de arte única. Las NFT también se utilizan para otras cosas como registros de propiedad, elementos digitales o nombres de dominio. De esta manera, los artistas digitales pueden vender sus obras originales y pueden establecer valor en sus piezas, que pueden ser compradas por coleccionistas.

Los detractores de este nuevo movimiento creen que esta revolución en el mundo del arte podría ser contraproducente ya que simplemente imita las dinámicas del comercio tradicional y genera los mismos incentivos que el mercado del arte convencional, lo cual históricamente ha redundado en una obsesión con precios altos que beneficia a intermediarios y revendedores. El ecosistema de criptoarte define el éxito a través de las ventas y muchos asumen que mientras más dinero vaya para los artistas, mejor. En la realidad como pasa con muchas piezas de colección, llámense autos antiguos, naipes de Pokemon, estampillas o piezas únicas de moda, los grandes beneficios económicos terminan en manos de intermediarios en el mercado secundario.

Amanecerá y veremos cómo se desarrolla esta nueva industria que al menos ha logrado recientemente que un grupo demográfico de personas, hasta ahora desinteresado por el arte, empiece a sentir atracción por participar en este mercado. Es lógico pensar que la facilidad de acceso y la forma viral en que se ha vuelto popular el tema de criptoarte produzcan un efecto similar en las nuevas generaciones de nativos digitales al que plataformas como Robinhood han causado recientemente en los mercados financieros.