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Analistas 20/03/2021

El audio está de regreso

Javier Villamizar
Managing Director

En un mundo donde estamos continuamente bombardeados por nuevas ofertas de contenido audiovisual proveniente de las redes sociales, YouTube y servicios de “streaming” como Netflix, Disney+ o Spotify, pareciera que no alcanzan las horas del día para consumir formatos tradicionales como la radio. Recientemente y como consecuencia de los confinamientos derivados de la pandemia del coronavirus y las innumerables horas que hemos pasado todos en casa en períodos de cuarentena, los “podcast” han tomado relevancia y se han convertido en una nueva manera de escuchar contenido de audio quitándole protagonismo a la radio, principalmente para las nuevas generaciones que están acostumbradas a consumir contenido de manera asíncrona, sin horarios, queriendo elegir exactamente los contenidos que quieren disfrutar y el momento en que lo hacen.

Con la popularización de este nuevo medio de comunicación y el incremento en la oferta, el acceso al entretenimiento y la divulgación se han atomizado de manera exponencial y jugadores como Spotify y Amazon han venido invirtiendo millones en desarrollo y comercialización de “podcast” y en mecanismos de monetización de estos, como lo evidencian las adquisiciones de plataformas como Wondery y Megaphone. No es un secreto que los márgenes de beneficio en la venta de servicios de “streaming” de música son increíblemente reducidos debido a que hay que repartir los ingresos entre muchos jugadores como los sellos discográficos, los autores y compositores y los intérpretes. Es por esto, que producir contenido original de bajo costo en formato de “podcast” es económicamente atractivo para todas las plataformas de distribución de música.

El último en entrar a competir en este renacimiento del contenido auditivo es la aplicación Clubhouse, una especie de red social en la que nadie escribe, ni comparte fotos o vídeos, donde no hay emoticones ni “likes”, una especie de evolución y extensión del “podcasting” con participación de la audiencia, un Twitch sonoro, un Discord mezclado con Linkedin. En Clubhouse, los usuarios (que solo pueden acceder a ella por invitación de otro miembro) crean una sala virtual donde se habla de algún tema específico o simplemente de cualquier cosa y otros usuarios se unen a ella, pudiendo intervenir o, meramente, escuchar. Al tratarse de intervenciones de viva voz, en principio, lo que se quiere es potenciar la naturalidad y la espontaneidad frente a otras redes sociales. Las conversaciones que pasan en las salas de Clubhouse al igual que los mensajes de Snapchat son efímeras y no quedan almacenadas para consumo posterior, otro de los atractivos de la plataforma para las nuevas generaciones. Sus creadores promueven Clubhouse como un lugar para reunirse con amigos y con gente alrededor del mundo, para contar historias, hacer preguntas, debatir, aprender y tener conversaciones improvisadas sobre múltiples temas.

Clubhouse vuelve a dar protagonismo a la voz como medio relevante, en un mundo donde nos hemos vuelto adictos al video, donde las llamadas ya sean personales o de trabajo se hacen con la cámara encendida. Al utilizar Clubhouse, al igual que cuando escuchamos radio o un “podcast”, podemos estar haciendo otra actividad y participar de manera interactiva involucrándonos en un diálogo de ida y vuelta con los demás, devolviéndonos la riqueza que dan la entonación, la inflexión y la emoción que se transmite a través de la voz, algo que las redes sociales y las plataformas de mensajería habían dejado atrás.