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Analistas 12/08/2021

Inclusión financiera: más que bancarizar

De acuerdo con el último reporte de la Banca de las Oportunidades de Colombia, al cierre de 2020 un total de 31,6 millones de adultos contaba con al menos un producto de ahorro o crédito, lo que representa un aumento de 2,6 millones de nuevos usuarios en el sistema financiero versus las cifras de 2019.

Gracias a este importante ingreso de personas, en un contexto sin precedentes como la pandemia, Colombia logró un histórico 87,1% en el indicador de bancarización, lo que representa un paso significativo frente a los objetivos de reactivación económica, pero también para seguir avanzando en la construcción de una economía más sostenible e inclusiva. Más allá del innegable impacto de medidas coyunturales como los programas de subsidio durante la pandemia, estos resultados no son producto de la suerte. Es claro que desde hace varios años los sectores público y privado vienen trabajando para mejorar la inclusión financiera, y fue esa acumulación de experiencia y sinergias que contribuyó a que se registren avances en la bancarización, durante un periodo de crisis. Sin duda, es un factor muy importante para el bienestar de las personas.

Desde la perspectiva del sector privado, ha sido fundamental el compromiso con el diseño, innovación y democratización de productos y/o servicios financieros para crear plataformas de progreso a la medida. Por su parte, la administración pública ha generado políticas acertadas orientadas a elevar la cobertura del sistema financiero, especialmente en zonas rurales, donde el uso de los servicios financieros apenas supera 60%, según el reporte de la Banca de Oportunidades.

Este último punto plantea uno de los principales retos de Colombia y, para atenderlo, es fundamental apoyarse en la transformación digital, diseñando y/o incorporando herramientas al servicio del sector financiero que potencien su capacidad de trabajar en el doble propósito de aumentar la vinculación al sistema financiero e incentivar la interacción, uso y permanencia en el mismo.

Con la tecnología, el sector financiero, y especialmente los bancos, pueden impulsar la penetración de sus servicios -de atención y producto- complementando el actual modelo relacional de la industria con modelos híbridos de operación. Así, además de optimizar su infraestructura para romper las barreras de la distancia, estas entidades podrán crear incentivos apalancados en programas de educación financiera, para que el uso de canales digitales se convierta en un hábito entre sus usuarios, no en una obligación.

Entonces, la digitalización no solo extenderá productos y canales para el ahorro, pago y crédito a quienes tradicionalmente han quedado excluidos de sus beneficios, sino que incentivará su uso diario. Esto es crucial porque la bancarización, entendida como la apertura de productos formales, terminará siendo solo un porcentaje si no aporta a la adopción del sistema financiero en su día a día. De esa manera se impulsará la verdadera inclusión financiera de las personas.