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Y los millennials…, ¿qué?

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Estar conectados e informados no significa que sepan y que estén “sobre preparados”.

Creo sinceramente que les estamos dando una relevancia mucho mayor de lo que se merecen, sin que eso suponga que quiera subestimarlos. Voy a intentar explicarme buscando ser ecuánime.

Para empezar, me parece lineal y simplón unificar a toda una generación entre 20 y 35 años, como personas que “están cortadas todas por el mismo rasero”.

Afortunadamente, pese a estar entrando en la era de la robótica y de la AI (Inteligencia Artificial), todavía somos personas, cada una con su ADN, sus particularidades, vicios, manías, virtudes y esa es la mayor riqueza del género humano.

¿Qué es lo único que podrían tener en común estas personas? La respuesta podría ser tan simple como que han crecido en la era de la información, de la inmediatez, de la interconexión permanente.

Sin embargo, este hecho de calendario no da “autoridad”, a aquellos dentro de este grupo que así piensan, a creer que lo saben todo, a cuestionar, descalificar e incluso mofarse del trabajo y de la cultura de muchas organizaciones, que han sobrevivido a muchas generaciones y que, sin duda, sobrevivirán a la suya.

Les falta, entre otras cosas, la experiencia, palabra que no se debería olvidar nunca. Estar conectados e informados no significa en absoluto que sepan y que estén “sobre preparados” para afrontar cualquier reto laboral que les pongan por delante, en un tiempo mínimo.

No señor. La capacidad de crecimiento profesional se basa tanto o más, en el esfuerzo, en la perseverancia, en el trabajo diario…, que en el “supuesto” conocimiento (muchas veces, mera información). Incluso, teniendo el verdadero conocimiento, este es condición necesaria, pero no suficiente para crecer.

Está más que demostrado que el desempeño es cuanto mejor en la gente constante y enfocada, que en aquellos talentosos (por estar informados) y dispersos.

Se crece profesional y personalmente “haciendo” y relacionándose con la gente que nos rodea. Hablo de relaciones que se basan en la colaboración, el trabajo en equipo, en el “contacto”.

Por eso, el ensimismamiento de muchas personas de esa generación que viven por y para la tecnología, buscando más relaciones virtuales que reales, no les va a generar más que carencias en todos los sentidos.

¿Significa esto que todos los Millennials son dispersos y poco constantes, como muchas veces se les cataloga?

En absoluto. Hay dentro de este grupo, personas comprometidas, talentosas (de conocimiento, no de información), respetuosas (que palabra tan importante y a la que cada vez se le da menos valor), que saben que los tiempos que se necesitan para alcanzar ciertas metas, son los que son y que “no quieren correr, cuando todavía están empezando a andar”; saben que hay que lograr un objetivo, para ir a por otro y que todo llega a su debido tiempo; priorizan y saben ser previsores.

Estos son los que realmente interesan a las empresas, porque aportan frescura, nuevas ideas, alegría…, pero respetando lo que existe.

Con estos “Millennials 2.0”, es con los que hay que contar y mucho, para mejorar, para crecer, para adaptar la cultura empresarial a la nueva realidad. Los otros, los “1.0”, los caprichosos, los ansiosos, los que se lo saben todo, que sigan en su mundo irreal.

Por todo lo anterior, es por lo que creo que no debemos dar a este grupo de nuevos profesionales más importancia que al resto de las generaciones de los últimos cincuenta años, porque no dejan de ser eso; una nueva generación. Y como en toda generación, habrá Millennials “confiables” y otros no tanto.

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