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Analistas 23/03/2023

Un susto más en un mundo imprevisible…o no tanto

Ignacio-Iglesias

Salvada la pandemia, asumida la guerra en Ucrania y sus consecuencias, en pleno proceso para surfear la ola inflacionaria y ahora nos amenaza una nueva crisis financiera tras el descalabro de algunos bancos americanos de un tamaño considerable entre los que destaca el Silicon Valley Bank (SVB). El efecto contagio, al margen de declaraciones tranquilizadoras de políticos, dirigentes de los bancos centrales y reputados economistas y expertos en la materia, ha impactado de manera considerable en las cotizaciones bursátiles de entidades bancarias en todo el mundo y con ello se está viviendo una cierta zozobra entre la población mundial que ni de lejos quiere que se repita lo sucedido en 2008.

Creo que en varios artículos anteriores ya he puesto de manifiesto que nuestras vidas desde hace unos años se enfrentan a un continuo sobresalto. Si hiciéramos nuestro ese término tan manido en la pandemia, se podría decir que esta es nuestra nueva normalidad. Nos toca saber gestionar esta realidad. No es por ser derrotista, pero el mundo es cada vez más complejo y me cuesta creer que vayamos a pasar por momentos de esa antigua tranquilidad de la que disfrutábamos antaño.

Dicho lo anterior, tampoco creo que este entorno tenga que suponer un periodo de pesimismo y deterioro en el progreso humano. Todo lo contrario; ahora más que nunca tenemos que ser capaces de buscar oportunidades en cada uno de los vaivenes que vayan apareciendo. Debemos estar siempre alerta y en forma: física y mentalmente.

Volviendo a lo sucedido con el SVB, es muy curioso que a toro pasado grandes “gurús” a uno y otro lado del Atlántico nos den a entender que lo sucedido “ya sabían que iba a pasar” y que solo era cuestión de tiempo. No voy a repetir las miles de explicaciones técnicas que se han dado para hacernos entender el porqué de lo que ha pasado y que al final se resumen en una mala praxis en la gestión de sus activos (pasivos) y en la irresponsabilidad de sus gestores embriagados en ese entorno “cool y molón” que se respira en esa parte del mundo. Se pensaban intocables y dominadores de este mundo y del que viene y, como pasa con todas las modas más o menos efímeras, se pasa de ser lo más in a ser vilipendiado y ridiculizado de un día para otro.

No quiero ni pensar la cara con la que se han debido de quedar alguno de los que cada mañana acudían a trabajar, si es que iban a la oficina, en bermudas, con su bicicleta de ruedas gordas y su café de Starbucks cuando se enteraron de la noticia de la quiebra de este banco que ocupaba la posición número 16 entre las entidades financieras americanas y que había sido nombrado “Bank of the year” por una revista de máxima reputación. ¡Vaya ojo!

Imagino que la declaración del presidente Biden, una persona del establishment político tradicional tantas veces cuestionado por unos y otros, asegurando sus depósitos les dejaría más tranquilos y quizás les sirva para abrir los ojos y darse cuenta de que ese mundo en el que viven no es tanguay como nos hacen creer ver.

Ahora bien, si la acapacidad gestora de los ejecutivos woke del SVB ha llevado a la situación comentada, no es menos cierto que parte de la responsabilidad trasciende de esas personas. Es evidente que el hombre es el único animal que tropieza no dos, sino más veces en la misma piedra. No contentos con la crisis financiera de 2008, que se llevó por delante bancos en todo el mundo y que obligó a tirar de recursos públicos para capear una situación que impactó durante años a ahorradores y familias por una nula supervisión de las autoridades encargadas de velar por la “salud” del sector bancario, vemos que pasan unos años, donde pareciera que todo se había enderezado y se vuelve a caer en la relajación normativa sin pensar que si ya pasó una vez, es más que posible que pueda volver a pasar. Y mira si ha pasado…

No sé si servirá de lección incluso para aquellos que defienden de manera radical y tozuda la no intromisión del legislador y de los supervisores en ciertos sectores de actividad como el que nos ocupa, dejando en manos del mercado, la autorregulación de este.

Desde mi punto de vista y dado que un buen número de mortales intentan muchas veces parecer más listos y sagaces de lo que realmente son, pensando que el resto somos más o menos idiotas y no somos capaces de seguir su estela de brillantez fatua, no queda otra alternativa que marcar una guía de mandamientos de obligado cumplimiento sin excepción; incluso en periodo de vacas gordas.

No vale relajarse ni dejarse convencer por argumentos originales e ingeniosos y sobre todo hay que dar un mensaje bien claro: se acabó el tiempo donde las consecuencias por una pésima e incluso fraudulenta gestión que pueden afectar a miles de personas se solidarizaban y solucionaban a cargo del erario público. Me van a perdonar la expresión, pero quien la caga, la paga; pero la paga de verdad. Nada de paños calientes.

Dicho todo lo anterior y ya que estamos hablando de ahorro privado, de inversión en activos lícitos y reales, espero que todos aquellos que consideran el invento de las criptomonedas un acto de rebeldía ante lo establecido, queriendo montar su ilusionarlo mundo paralelo basándose en pajas mentales, reaccionen, aunque les cueste. Con una agravante, estoy seguro de que muchos de los clientes molones que confiaron en ese banco molón (u otros similares que también están ya en el ojo del huracán), son los mismos de los que se vanaglorian de invertir en este nuevo activo tan complicado de entender y del que defienden su “independencia regulatoria” de las autoridades correspondientes.

¿Se habrán dado cuenta de que pueden caer en la misma trampa, si es que no han caído ya? Y ojo, como en este caso no hay supervisión ni regulación alguna, no habrá presidente ni legislador que les diga “no os preocupéis que yo corro con los daños de la fiesta”. Se les puede acabar la bicicleta de ruedas gordas, las bermudas y el café de moda de un día para otro. Esto sin contar con la posibilidad de que los despidan en uno de esos carruselesde salidas masivas que estamos viviendo en el sector de las tecnológicas y de algunas startups.

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