.
Cultura 19/05/2026

La visita

Lewis Acuña
Periodista
La República Más

El padre de Gabriel caminaba por el pueblo silbando y no lo hacía por una alegría desbordante ni por demostrar una destreza musical específica. Silbaba para no ir solo. Era su truco casero contra el silencio de las calles vacías y la banda sonora de su sombra, su única compañía.

Cuando Gabriel se enfrenta al silencio de su propia casa, ahora muchos años después, silba. Es -asume- un ritual heredado. Un escudo contra la sensación de desamparo que empieza a filtrarse por cualquier espacio libre que encuentra. Es la compañía de un recuerdo sonoro que espanta lo que no existe.

Él defiende la idea de que nacemos fatalmente solos en un mundo hostil que no pedimos conocer. Habla de un bebé que llora mientras su familia intenta descifrar si el malestar viene del hambre o del frío. Nadie sabe realmente qué le pasa. Ni siquiera el propio niño entiende su desamparo original. Esa soledad estructural nos atraviesa desde el primer aire hasta el último suspiro.

Es un abismo que asusta. Inventamos dioses para no sentir el frío de la inexistencia. Nos decimos que los muertos descansan en paz para mitigar la angustia de saber que a un cuerpo sin vida ya nadie lo abraza. Buscamos en el amor un invento que nos permita sortear el vacío de la mano de alguien que comparte nuestro mismo miedo y quizá sea esa la única razón por la que nos acompaña.

LA SOLEDAD, con mayúscula, no se resuelve con compañía. No importa si estamos rodeados de gente en la fiesta del año y la música al máximo. Cuando se siente, siempre llega ese segundo donde uno se aparta hacia un rincón quizá con un vaso en la mano. Se observa a los demás bailar en la algarabía propia del momento y se entiende que nada de ello alcanza para sentirnos acompañados. Es el vaso medio vacío de la existencia.

Una de sus pacientes recordaba su matrimonio de cincuenta años con un hombre al que nunca aprendió a querer. Su único consuelo al quedar viuda era decir que el marido nunca le pegó y que era un hombre muy limpio. Vivió medio siglo escoltada por alguien pero no dejó de estar sola ni un segundo. El miedo a la soledad minúscula nos condena a situaciones indeseadas. Preferimos el desierto asfixiante acompañados, a un paraíso solos.

La soledad es una visita inevitable. También es el título del libro del psiconalista Gabriel Rolón. Una profunda reflexión sobre un temor que parece universal y que presenta con las palabras de Octavio Paz: Nacer y morir son experiencias de soledad. Nacemos solos y morimos solos.

En definitiva, la soledad es la única compañía que no abandona.

 

Conozca los beneficios exclusivos para
nuestros suscriptores

ACCEDA YA SUSCRÍBASE YA

MÁS DE ANALISTAS

ÚLTIMO ANÁLISIS 24/07/2026

Las fronteras donde crece Colombia

Las fronteras no son el límite de la economía colombiana. Son una de sus mayores oportunidades. Allí existe un tejido empresarial que ya genera riqueza

ÚLTIMO ANÁLISIS 25/07/2026

Trabajar más ya no alcanza

En la economía que viene, la ventaja no estará en dedicar más horas, sino en generar más valor en cada una de ellas. Esa competencia ya empezó y Colombia no puede darse el lujo de llegar tarde

ÚLTIMO ANÁLISIS 25/07/2026

El plan chino para la IA

Mientras Occidente celebra cada nuevo modelo como si fuera un Ferrari más rápido, China parece estar construyendo las autopistas. Si esa lectura es correcta, estamos evaluando la competencia equivocada