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Comunicación eficaz; bastan seis preguntas

El título de esta semana puede ser el primer tema de una clase de lengua de cualquier colegio. La esencia para lograr una comunicación eficaz no ha cambiado, pero sí como cubrir cada pregunta.

¿A quién? El receptor del mensaje es una persona cada vez más interconectada, informada y selectiva. Capaz de distinguir matices, con unos intereses particulares que le colocan en un espacio único aunque forme parte de un grupo. Y además quiere ser protagonista de la comunicación. Quiere sentirse identificado, protagonista y contribuir a la difusión del mensaje; para bien o para mal. No es un simple receptor. Es, fundamentalmente, un transmisor: recibe información, selecciona lo que le interesa y lo transmite a su vez.

¿Cómo? Dependiendo de quién es ese nuevo receptor-transmisor del mensaje, la manera de llegar a él debe ser diferente, si queremos que “se enganche” y que seleccione nuestro mensaje como interesante para ser transmitido. Sus inquietudes y experiencia obligan a que debamos casi “personalizar” el mensaje en función de sus intereses. No es igual llegar a una persona de la Generación Z, a un Millennial, a un Baby Boomer o a un silver generation. Aquí, no olvidemos el lenguaje corporal y el aspecto físico al comunicar

¿Cuándo? El momento temporal condiciona igualmente la manera de transmitir el mensaje. Un mensaje recibido por la mañana cuando nos levantamos, o cuando vamos a trabajar o a estudiar, en medio del trancón, es percibido de manera diversa, al mensaje que llega el fin de semana. La extensión y la profundidad del mismo debe ser también diferente. La atención no es la misma y por lo tanto el tono también se debe modular y ajustar. La reacción a la comunicación variará sin duda y debe ser tenida en cuenta.

¿Dónde? Para mí, es el aspecto más importante para lograr esa eficacia. Hay tanta variedad de formatos, medios, plataformas…, que es absolutamente necesario usar el lenguaje apropiado a cada uno de ellos. Además, normalmente esos puntos de contacto entre el mensajero y el receptor-transmisor son compartidos. No suele haber una atención única, por lo tanto con más motivo hay que conocer los códigos comunicacionales de cada medio para lograr impactar a quien lo va a recibir.

¿Para qué? No basta transmitir el mensaje de forma aséptica. Hay que llegar a la mente, al corazón y al estómago del que tenemos enfrente. La comunicación “funcional” es la que llega a la cabeza del otro y es, a priori, la más fácil de mandar (nivel 1 de comunicación; hechos, datos, conocimientos objetivos y demostrables). La comunicación al corazón y al estómago…, ya es otra cosa. Ahí tenemos que pensar en una propuesta que trascienda el citado nivel 1; opiniones, valores personales/familiares y sociales de los receptores…, Con ello lograremos que nuestra idea “enganche” y se diferencie de otras muchas que nos impactan cada día: lograr comunicación meaningful.

¿Por qué? Ahora más que nunca, con tanto acceso a fuentes de comunicación e información, es necesario buscar lo que los creativos denominan el “reason why” del mensaje. Tiene que haber elementos internos y externos de interés, de notoriedad, de actualidad, de moda, de controversia…, que justifiquen el mensaje.

Hay multitud de matices que hacen que lo que a priori parece tan sencillo, se vaya complicando si lo que queremos es lograr nuestro objetivo: lograr comunicar de manera eficaz.