La tercera semana de junio es una de las semanas que más sentimientos encontrados me genera. El 15 de junio cumplo años, el 21 se celebra el día del padre, el 22 cumple años mi mamá, Raquel García Méndez y el 23 cumplía años mi papá Jesús Ángel González Arias, asesinado por hombres de la guerrilla de las Farc el 20 junio de 1996.

Ese día lo recuerda como si fuera ayer, mi madre la profesora Raquel:
El día inició muy temprano, él partió de nuestro hogar a las 5:00 am rumbo al municipio de El Paujil, con el firme propósito de poder recibir a su amigo, el Representante a la Cámara por el Caquetá, Rodrigo Turbay Cote, el cual le habían informado, sería liberado de su cautiverio por las Farc.

Pese a la situación por la atravesaba el departamento, nunca me imaginé que su vida corriera peligro, pues lo vi convencido de lograr su objetivo y traer libre a su amigo. Ingenua yo, que me iba a imaginar que este sería su último día con nosotros; y pensar que todo inició días antes cuando celebrábamos el día del padre con varios amigos, entre ellos Ricardo Leiva, alcalde del Municipio de Milán, quien ese día, insistió a mi esposo para que se reunieran de manera privada en el cuarto principal de nuestro hogar, donde pude presenciar que le entregaba algo.

Solo hasta ese fatídico 20 de junio pude enterarme que lo que recibió de Ricardo fue una carta de las Farc, donde le informaban de la liberación de Rodrigo Turbay. El propio Ricardo me lo hizo saber en la mañana, cuando se acercó de nuevo a nuestro hogar, debido a los rumores sobre el peligro por el que estaba atravesando mi esposo.

Logré encontrar la carta en el libro que Jesús Ángel estaba leyendo en ese tiempo, en ella, solicitaban que fuera el día 20 de junio a la vereda El Porvenir del Municipio El Paujil para la entrega del doctor Rodrigo, indicaban que debía ir solo y no avisar ni siquiera a su familia pues las consecuencias serían peores.
En ese momento, mi corazón se partió de dolor y angustia, porque el propio Ricardo que le había entregado esa carta, aseguró, “si no lo han matado está corriendo peligro”, palabras que nunca olvidaré, porque ahí entendí la gravedad de lo que estaba sucediendo.

Recibir su cuerpo fue un momento doloroso, lleno de llanto y de tristeza; mis hijos vieron a su padre vilmente asesinado y yo tuve que limpiar su rostro ensangrentado sabiendo que nunca más podríamos volver a estar con él. Mi familia lloro su partida junto con todo el Caquetá, que salió a despedirlo con banderas blancas, mientras llevábamos el cuerpo a Florencia; fue una marcha pacífica que mostraba el repudio de todo un departamento contra este atroz asesinato. Se sentía el dolor por haber perdido un gran líder, un hombre ejemplar que solo quería recibir a su amigo de las manos de la guerrilla.

Chucho, quien fue en búsqueda de su amigo, ahora hace parte de la historia de violencia en este país, siendo el primer Gobernador por elección popular asesinado en Colombia. Las Farc no han realizado ningún aporte a la verdad en los casos de violencia política en el departamento del Caquetá, las víctimas aún esperamos justicia.