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Transformación necesaria

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Gustavo Moreno Montalvo - gustavomorenom@gmail.com Consultor independiente

Es tarea de todos lograr la supervivencia digna de la especie humana. Se ha acumulado dióxido de carbono y metano en la atmósfera, con consecuencias funestas para el nivel del mar y su condición química. Se han fabricado armas de destrucción total. Son motivo de incertidumbre las tecnologías que pueden aumentar la productividad de forma impresionante, con riesgo de cambio en el ordenamiento social en formas insospechadas; se aprovechan para lograr beneficios económicos, con transformaciones en la naturaleza del trabajo:

Las personas con destrezas gerenciales podrán ser reemplazadas por mecanismos de inteligencia artificial muy pronto, con mejores resultados en la mayoría de los casos. La automatización de los procesos industriales ya está muy avanzada y no se detiene: hoy conviene sustituir mano de obra aun en tareas de bajo valor agregado ejecutadas en el tercer mundo. Se pueden ampliar de manera peligrosa la desigualdad en el ingreso, el patrimonio y la capacidad de incidir en los procesos públicos.

El problema atañe a todos: solo si mejoramos nuestras capacidades podremos defender la participación en las decisiones. De lo contrario seremos manipulados. El ideal democrático está en peligro. Solo poner en práctica el enunciado de que la educación comienza en la concepción y termina con la muerte puede proteger los derechos individuales, cuyo valor moral quedó en evidencia a raíz de las causas y el desenlace de la segunda guerra mundial.
El principio de la destrucción creativa enunciado hace noventa años por J. A. Schumpeter no solo describe el inevitable devenir de las empresas, sometidas a las consecuencias de la innovación; las nuevas tecnologías obligan a prepararse para tener vocaciones múltiples y mantener la vigencia profesional en varios frentes como mecanismo de protección.

Al tiempo, la educación permanente permitirá la construcción de instituciones públicas dinámicas, capaces de ajustarse para enfrentar retos cambiantes, y cultivar criterios efectivos para cumplir el propósito de construir un mundo viable, más amable, cuyas incógnitas puedan abordarse sin desesperación por una sociedad diseñada para enfrentarlas con éxito. Los programas educativos formales iniciales deberán centrarse en lo más necesario: aprender a aprender, con la ayuda de las herramientas disponibles hoy y en el futuro.

Los currículos básicos deben concentrase en la lectura de asuntos diversos, incluidas la ficción y las ciencias naturales, la práctica de la aritmética aplicada a la vida cotidiana, el cultivo de la sensibilidad estética y la formación en valores para la convivencia. En la fase final, o educación media, se debe comenzar el cultivo de la vocación individual. Debe haber opciones técnicas, pues no toda la población tendrá inclinación hacia la formación universitaria.

Terminada la formación previa a la incorporación en la vida laboral debe mantenerse el proceso educativo, para enfrentar las transiciones impulsadas por la tecnología.

pLas instituciones educativas no deben ser muy grandes. Deben facilitar el acceso de toda la comunidad adyacente, e incluir infraestructura recreativa y cultural. El compromiso con la tarea de educación permanente es la defensa de la especie frente a la amenaza que ella misma puede constituir si no se organiza en forma debida. Los procesos formativos son la ruta para dar impulso a la nueva humanidad.

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