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Sí se puede

SÍSE PUEDE lograr una caficultura próspera y productiva que asegure a Colombia un adecuado nivel de producción, trabajo y bienestar a muchas familias campesinas. Además un país de propietarios, consolidando la democracia como lo demuestra la historia económica, agricultores eficientes, comprometidos, generando prosperidad. 

 
Esos pequeños productores son la fuente de crecimiento del negocio cafetero. Hombres que desde su pequeña propiedad están al tanto de la bolsa de Nueva York, al mismo tiempo que reciben al certificador internacional del café especial y aplican el último boletín técnico de Cenicafé. A ese productor hay que reforzarle cada día la asistencia técnica, presencial y por internet, para lograr la meta de doblar la productividad, que es la  salida sostenible en el tiempo para garantizar el ingreso, dado que la sociedad colombiana seguramente no soportará fácilmente que a un sector económico lo subsidien con sus impuestos por mucho tiempo.
 
SÍ SE PUEDE obtener la forma de vida digna en dos hectáreas de café con 12.000 árboles, como lo han hecho los miles de productores,que aumentan día a día la caficultura por toda la geografía nacional. En este modelo de pequeño productor encuentran una forma de vida que no les garantiza otro producto agrícola, razón de mercado superior a todos los discursos.
 
La cuenta de tienda demuestra que recolectando 400 gramos por árbol (1.200 granos), no 650 como los más eficientes, con 9.000 árboles en producción y 3.000 en renovación, produce 3.600 kilos de café pergamino seco a $5.200 kilo, resultan $18.720.000. La mano de obra vale $2.850.000, equivalente a 110 jornales por año y los insumos $3.900.000 con un excedente de $11.970.000; si necesita una ayuda en el pico de la cosecha de $1.000.000 le sobran $10.970.000.  Si tenemos en cuenta que el propietario es quien trabaja la finca su ingreso del año es de $13.820.000 que equivale a $1.151.000 mensuales. Para quien vive en su predio, no paga servicios públicos ni transporte y además le sobra tiempo para otras labores, esta es una forma de vida que explica el continuo crecimiento del minifundio en todo el país.
 
El pequeño productor no tiene gastos administrativos, mientras para los caficultores medianos y grandes son del 15%. Seca su café  al sol, por lo tanto no tiene costo de combustible, y es más eficiente en las horas hombre aplicadas. Al cultivo del pequeño no le da broca,  por cuanto administra un jardín y todos los granos maduros los recolecta permanentemente, porque allí está parte de su mercado semanal. Controlarla como labor contratada cuesta mucho al productor mediano y grande. Adicionalmente el café especial lo producen en su mayoría los pequeños, con sobreprecio de entre 10 % y 15 %.
 
Colombia debe defender su caficultura. Seguir  en el drama actual es convertirlos en menesterosos frente a los bancos y en una actividad no viable para la sociedad, cuando para muchas décadas el país cuenta con  tierras óptimas y familias campesinas que necesitan el café para salir de pobres. Por eso se consolidará como una fuente de trabajo pero no de empleo.
 
SÍ SE PUEDE entregar en un modelo de cuentas en participación las fincas grandes en lotes de máximo 25.000 árboles para primera cosecha, a hombres del café dispuestos a trabajar como socios, por resultados, en un contrato en el que éstos aportan la mano de obra y el dueño de la tierra los insumos, para liquidar la cosecha por el 50% para cada uno, corriendo  la suerte del precio pero con posibilidades de mayor eficiencia y de aplicar el modelo del pequeño productor, generando una nueva oportunidad de negocio.
 
Este esquema se está aplicando en Antioquia  por un importante propietario de tierras cafeteras con bastante éxito. También ha sido una práctica común de hombres de negocios de municipios cafeteros que han invertido en este tipo de compañías obteniendo buenas ganancias.