Analistas

El café y la economía van bien

En los últimos 100 años siempre se había dicho que, si el café va bien, la economía también. En este Gobierno, por fortuna, la producción y el ingreso  han crecido 100%, y seguramente, continuará en ascenso y mejorando la productividad. Sin embargo el resto de la economía se ha contaminado de la política y del debate público, llevando a muchos líderes empresariales a propagar una corriente de pesimismo, aceptando que las expectativas determinan, en buena parte las decisiones del consumidor pero, al mismo tiempo, tratando de demostrar por todos los medios, que le economía va mal.

Nunca había visto a tantos gerentes transmitiendo su posición política personal a la compañía, olvidando que esta no tiene partido político sino balance, y que tienen una responsabilidad frente a los accionistas, la sociedad y los trabajadores, que solo admite sensatez y compromiso con el país. Los hechos son objetivos y tozudos. No se pueden desdibujar por el sentimiento adverso que se tenga frente al gobierno. No se puede negar que Colombia firmó la paz con las Farc y que la adaptación a un país sin guerra, no se puede convertir en un obstáculo para el progreso sino, por el contrario, en un ancla para continuar con el desarrollo sostenido de la economía. 

Sorprende a propios y extraños que el anhelo de tres generaciones, se convierta en la fuente de conflicto de la sociedad civil, en la que el sector privado juega un papel primordial -desde el más humilde tendero hasta el mayor de los empresarios- y son esos empresarios los que tienen para arriesgar y perder, y no pueden permitir que unos líderes nos lleven al despeñadero unido al afán mediático de muchos medios de comunicación. 

Este panorama opaca la realidad de la economía, que sale adelante superando la crisis mundial y la del petróleo. Pocos países han resistido una disminución de 50% en los ingresos externos, y de más de 20% de los ingresos fiscales, derivados del negocio petrolero, sin entrar en una recesión.

Disminuyen la inflación, la tasa de interés y el desempleo, y al mismo tiempo se corrige en muy corto tiempo el déficit en la cuenta corriente, volviendo casi a los niveles de 2010. Las exportaciones ahora crecen, tanto las tradicionales como las menores, respondiendo a la tasa de cambio, al esfuerzo de los empresarios y al repunte de la economía mundial. 

Las 4G están invirtiendo $50 billones de pesos, generando además de los efectos en la actividad productiva durante la construcción, competitividad a la economía. Las empresas recibieron el alivio de la disminución en la contribución parafiscal, así como en el impuesto a la renta y patrimonio, y el país se mantiene con la tasa de inversión más alta de América Latina.

En lo social, la tasa de formalidad aumenta de 42% a 49% llegando a 22 millones de personas ocupadas; la pobreza se reduce de 30% a 17,8%; los usuarios de internet pasan de 3 a 15 millones. Hoy, 47 millones de colombianos tienen salud, con igualdad de derechos entre el régimen subsidiado y contributivo. Además, 11,5 millones de hogares reciben subsidio eléctrico sin aportes de la industria y cinco millones se benefician del subsidio al gas.

De no corregir la actitud y la postura frente a la situación, saldrá cierto un símil de Fabio Echeverry Correa cuando afirmaba que, la clase dirigente parecía de paseo en una embarcación, disfrutando, pero cada pasajero con un villabarquin, haciendo perforaciones al casco.