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Café, punto de quiebre

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Desde 1927 el responsable de la política cafetera ha sido la Federación Nacional del Cafeteros en su condición gremial y como administrador del Fondo Nacional del Café, por contrato con el Gobierno Nacional. Esta condición implica ejecutar la política pública agropecuaria y social, así como  defender ante la comunidad cafetera las ejecutorias y ser el para-rayos frente a los enemigos de ellas, receptor de las insatisfacciones de los cafeteros. También se llevaba las glorias de las buenas épocas del ingreso cafetero, como de las innumerables ejecutorias en obras públicas en las que el gremio sustituía al estado.

Desafortunadamente desde 2012 cuando se iniciaron las protestas cafeteras, su vocero no les hizo frente en cumplimiento de su papel histórico, y el Gobierno estaba tranquilo por cuanto ese era un problema que resolvía la Federación. En febrero de 2013 el tema ya se convirtió en inmanejable y reventó el paro cafetero el 25 de febrero, lo que se convirtió en una disminución de 30% de la popularidad del presidente, de la que sólo se pudo reponer el día de elecciones.

Los cafeteros de sus afectos se convertían en una piedra en el zapato que desvanecían la credibilidad del Gobierno.

Fue increíble cómo hasta los inicios de 2012 estábamos en bonanza cafetera con precio de $1 millón carga, y en pocos meses se creó un ambiente de insatisfacción, con su primera expresión en una reunión en Marsella, Risaralda, en la que según los líderes el gerente se salió de la ropa. 

En agosto 26 se realizo la marcha cafetera a Manizales que congregó productores de todo el país, pero lo más grave, por primera vez parlamentarios  de todos los partidos  que siempre habían tenido diálogo directo con la Federación, acompañaron al senador Robledo en esta protesta.

 Desencadenó en reuniones de los parlamentarios  con el Gobierno y  en el primer ajuste al PIC de $20.000 a $60.000 el 23 de noviembre, con la participación de los congresistas y los nuevos líderes, copando el espacio de la dirigencia cafetera.

Mientras tanto se continuaba tranquilizando al Gobierno, porque  era una protesta de unos enemigos, pero ya para esta fecha por primera vez en la historia de la Federación, había sido citada a cuatro debates en el Congreso en solo 90 días.

El 28 de noviembre, al instalar el Congreso Cafetero, se realizó el famoso plantón que afectó a Bogotá. Se disolvió  cuando el presidente Santos exigió a la administración, para proceder a abrir la reunión, abrir inmediatamente una mesa de diálogo con los líderes del movimiento. Calmados los ánimos, se decidió una reunión de trabajo para la semana siguiente, a la que el gerente no asistió, provocando la ira de los dirigentes, quienes se retiraron y a la salida anunciaron un paro nacional cafetero para el 25 de febrero.

Nadie le dio credibilidad, pero el Gobierno angustiado por el tema decidió pedir una reunión cafetera en Chinchiná para anunciar una adición de  $70.000 millones al subsidio, con la presencia de la dirigencia nacional que el gerente consideraba que podría ser un éxito. Sin embargo anuncio al mismo tiempo, sin discusión con el Gobierno días antes, que era indispensable un precio de sustentación de $700.000 carga, lo que significaba que ya dejaba de ser el responsable de política y pasaba a ser un dirigente gremial común presionando al ejecutivo. Finalmente el presidente salió abucheado y esa suma no los satisfizo.

El paro se llevó a cabo el 25 de febrero y el gerente se quedo sin participar en la discusión defendiendo su exclusiva interlocución legítima, mientras que con el país paralizado al Gobierno le tocó entregar el precio de sustentación de $700.000 carga que le ha costado más de $1 billón, y además la insatisfacción de los cafeteros expresada en la primera vuelta, con una derrota en los municipios cafeteros.

Solo cuando el candidato Juan Manuel Santos se dirigió directamente a cada cafetero recordándole lo que significaba este gobierno para los cafeteros, se aumentó en 1.700.000 su votación para la segunda vuelta en los municipios diferentes a la capital, de los 16 departamentos cafeteros. Un acto de gratitud cafetera.

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