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Analistas 17/03/2026

Petróleo y la fragilidad del mundo

Carlos Ronderos
Consultor en Comercio y Negocios Internacionales

Cuando los ecologistas reclamaban el enorme avance de las energías limpias y la total transición energética, un pequeño bloqueo en el Estrecho de Ormuz provoca el colapso de la economía mundial.
La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que en un principio tenía el propósito de frenar el proceso de enriquecimiento de uranio con el fin de impedir que este país desarrollara la bomba atómica, así como destruir la producción de misiles de largo alcance que pudieran llegar a territorio estadounidense -como lo señaló en su momento el entonces presidente Donald Trump-, se transformó en una guerra orientada al cambio de régimen y, finalmente, en un conflicto centrado en el petróleo.

Si bien EE.UU. reclamó el triunfo tras la muerte del ayatolá Alí Jameneí y asumió que con ello caería un régimen debilitado por protestas masivas en los meses anteriores -que fueron reprimidas de manera brutal, causando, según algunas fuentes, más de 35.000 muertos y el encarcelamiento de miles de personas-, ello no ocurrió. El régimen, o lo que sobrevivió de este, convocó a sus bases, eligió a su sucesor y optó por una estrategia que le está dando resultados. Por un lado, atacar a vecinos árabes en los Emiratos, que resultan más vulnerables, y, por otro, impedir el paso del petróleo por el Estrecho de Ormuz.

Por este estrecho transitan diariamente cerca de 20 millones de barriles de petróleo y otros productos líquidos, lo que representa alrededor de 20% del petróleo que se consume en el mundo. Más relevante aún: ese flujo equivale a entre 80% y 90% del petróleo que se dirige a Asia, imponiendo a esos países una situación crítica. Para Japón, ese crudo representa casi 90% de su consumo; para Corea del Sur, cerca de 75%; para India, alrededor de 60%, y para China, más de 40%. La consecuencia lógica es que el precio del crudo superó el nivel de US$100 por barril, un umbral que no se veía desde 2014, generando un impacto inesperado en la economía mundial, independientemente de si el petróleo que consume cada país pasa o no por el estrecho.

EE.UU. y otros países han liberado sus reservas estratégicas y, aun así, el precio permanece por encima de los promedios históricos. Además, EE.UU. levantó el embargo sobre el petróleo ruso, país que hoy vende crudo que no transita por el Estrecho de Ormuz, lo que le otorga una nueva fortaleza en su guerra contra Ucrania. Como puede apreciarse, el impacto de la guerra contra Irán ha generado un desbalance global que afecta seriamente las perspectivas de crecimiento económico si esta escalada de precios continúa, con implicaciones también geopolíticas.

Es decir, el petróleo sigue siendo el rey y el mundo mantiene una enorme fragilidad frente a una disminución de la oferta. Cuando la comunidad internacional hace un esfuerzo significativo por buscar alternativas de generación energética, se enfrenta a esta dura realidad, que debería servirle de lección a Colombia, especialmente después de que el Gobierno nacional decidió detener toda nueva exploración.
Es cierto que Colombia es exportador de petróleo y que, en estos días, Ecopetrol debe estar recibiendo ingresos extraordinarios. Pero el país es también un gran importador de gas y de combustibles refinados, que deberá pagar a los nuevos precios internacionales. Cabe esperar que, frente a esta nueva realidad, el Gobierno -que ya enfrenta un déficit fiscal considerable- no continúe con la campaña populista de seguir reduciendo el precio de la gasolina.

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