Analistas

Año de verano, año de grano

La noticia de la producción de 14.175.000 sacos de café es el cumplimiento de una meta trazada por Gabriel Silva en el año 2007, cuando les presentó la propuesta de elevar la producción a 14 millones de sacos en 2014, al Presidente Uribe y al país cafetero, en el marco del “Encuentro de Dirigentes del Suroeste Antioqueño”.

Gran revuelo se desplegó en la siguiente reunión del Comité Nacional de Cafeteros cuando Mario Gómez, lideró un debate en contra de la propuesta porque consideraba que esa sería la debacle para Colombia, que derrumbaría los precios y se convertiría en la ruina para los productores; además, que el programa “Permanencia, Sostenibilidad y Futuro-PSF” no beneficiaba a los grandes productores.

Se olvidaba que el mercado crece y que, en estos siete años ha aumentado cerca de 15 millones de sacos; con 14 millones, Colombia a duras penas se acerca al 10% de la producción mundial de café.

Como mencioné en una columna, PSF fue un programa diseñado para la caficultura envejecida, de productores con menos de cinco hectáreas . Estos caficultores que estaban en la ruina podrían pasar -con la renovación por siembra de nuevas variedades- de producir tres cargas, a entre 15 y 20 cargas anuales por hectárea y, quintuplicar su ingreso. 

De acuerdo con las cifras de la época, cerca de 150.000 campesinos con más de 300.000 hectáreas se encontraban en esa situación, y esta era la fórmula perfecta para sacarlos de la pobreza extrema, a un nivel, obteniendo ingresos equivalentes de entre cuatro y cinco salarios mínimos mensuales. 

Con el liderazgo de Silva y un gran equipo, diseñamos un programa que comprometía al gremio, para que cada extensionista convenciera mensualmente a un mínimo de cinco agricultores, de renovar y adquirir el crédito. El diseño que hicimos rompía con muchos de los estándares aceptados por los economistas y los banqueros, se requería un esfuerzo de apoyo financiero e institucional sin precedentes. 

El segundo reto fue conseguir el apoyo del Gobierno para que otorgara un Incentivo a la Capitalización Rural (ICR) del 40% automático, sin trámites; obteniendo un crédito de $4,5 millones por hectárea, a un plazo de siete años, con tres de gracia a capital, a través de la banca, con recursos de Finagro. 

Para este trámite masivo requerimos montar una fábrica nacional de crédito . El mecanismo diseñado fue un esquema de 20 desembolsos por medio de la Cédula Cafetera Inteligente, uno por mes, para garantizar que el caficultor utilizara los recursos en su manutención y la de la familia, durante la etapa improductiva.

El Fondo Nacional del Café asumió los intereses de las deudas, sobre la base del incremento en la producción de más de un millón de sacos por cada 60.000 hectáreas, que generaban más de $20.000 millones de nueva contribución cafetera, más del doble de dichos intereses. Adicionalmente, para que los bancos entraran al programa, cada crédito contaba con Fondo Agropecuario de Garantías (FAG) por el 80% y, Fondo de Garantías Cafeteras (Fogacafé) por el 20%. Desafortunadamente, Luis Genaro Muñoz desmontó estos dos instrumentos, que serán necesarios para continuar el programa con muchos pequeños productores.

Pocos esfuerzos en la agricultura han tenido resultados tan contundentes en su contenido social y aumento de la producción, sacando de la pobreza extrema a más de 150.000 caficultores y alcanzando la meta de 14 millones de sacos.