Analistas

Respuestas equivocadas Parte II

Se avecina un nuevo cambio de Gobierno y con él surge la esperanza de generar una discusión verdaderamente relevante sobre la manera como se aborda el tema del emprendimiento en el país.

Es claro; no podemos darnos el lujo de desaprovechar las oportunidades de crecimiento que genera, así que si la paz va a ser un tópico prioritario en la agenda de la nueva administración, preservarla y hacerla permanente será posible si se generan los espacios adecuados y se eliminan las barreras que, hasta ahora, han limitado la acción y desarrollo de los emprendedores. En tal sentido, es necesario promover la creación de escenarios y políticas que les ayuden a desarrollar sus modelos de negocio, de manera que la dinámica de la economía no sea monodependiente.

Hoy seguimos sin entender que el emprendimiento es el origen de la empresa y, tristemente, lo seguimos considerando como sinónimo de rebusque o de autoempleo. Insisto en que no tiene nada que ver lo uno con lo otro, y los datos lo corroboran: más del 84% de los emprendedores del país tienen estudios superiores (bien sea técnicos, profesionales o de posgrado), por lo cual distan de ser los vendedores informales de historias de vida con quienes los hemos equiparado equivocadamente.

Justamente por esta falta de entendimiento hoy nos enfrentamos a una realidad en la solo el 6% de quienes consideran crear una empresa en Colombia mantienen el esfuerzo por más de tres años. Les hablo del mismo país donde solo el 25% de las empresas que se constituyen superan los cinco años de operación, sin mencionar que menos del 10% puede resistir la carga impositiva y demás barreras del mercado por más de 10 años. ¿En conclusión? Somos una economía que marchita empresas al mismo ritmo con el que se crean.

Tampoco tenemos conciencia de nuestra realidad empresarial; no hemos entendido que, si bien debemos apoyar a las grandes industrias para que continúen creciendo y generando empleo, es preciso darle un espaldarazo definitivo a las micro, pequeñas y medianas. No en vano el 94% de nuestro tejido empresarial está conformado por microempresas. Lo más complejo es que nuestro sistema no está diseñado para ellas. Basta mencionar la carga impositiva, de la que tanto se han quejado los grandes empresarios nacionales por la afectación a su operación y flujo, para comprender por qué esta obligación, que también aplica a los pequeños, pone freno a su crecimiento.

Un alto porcentaje de los empresarios que han quebrado atribuye su fracaso a la imposibilidad de generar ingresos suficientes para su mantenimiento. Otro hecho que vale la pena mencionar es que más de la mitad de ellos llega a estos puntos de insolvencia no necesariamente por baja facturación, sino por las dificultades que representa para su flujo de caja recibir pagos hasta en noventa días.

Por situaciones como estas, Sergio Zuluaga, director ejecutivo de la Asociación de Emprendedores de Colombia, ASEC, decidió alzar la voz para mejorar las condiciones de sus asociados en el país. Ha sido enfático en la búsqueda de cambios profundos en la política pública y la respuesta del Estado frente a los retos que genera el emprendimiento, de la misma forma que en buscar la generación de servicios conexos que alivien algunos de los dolores de cabeza a quienes decidieron apostarle a un proyecto empresarial en un camino fangoso. Pavimentarlo y hacerlo transitable requiere la convergencia de todos los actores, de manera que la unión de esfuerzos logre subirle, desde hace décadas, el viene haciendo el llamado de auxilio para favorecer el emprendimiento en Colombia.