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Analistas 23/09/2021

Procesos perdidos

Guillermo Cáez Gómez
Socio en Cáez Muñoz Mejía Abogados

Se confirmó que Emilio Tapia estuvo involucrado en el proceso contractual fracasado, desfalcado y defraudado de Centros Poblados, ese mismo que sacó del anonimato y condenó al desprestigio a la exministra Karen Abudinen y que dejó a miles de niños del país en el mismo estado en el que lleva una gran población: desconectados. Dicen que cuando las personas, las empresas o los países desconocen su historia y no se permiten aceptarla para crecer están condenados irremediablemente a repetirla una y otra vez.

Tiendo a atribuir a la torpeza o incompetencia cuando un hecho es carente de pruebas para afirmar el dolo en su actuar, por eso me pareció todo el tiempo que la ministra perdía su tiempo tratando de negar su incompetencia, pues sus últimos dos meses de gestión se dedicaron ella y su equipo exclusivamente a tratar de tapar el sol con un dedo y a apagar un incendio en donde ella fue quien obró de pirómana testaruda. Se repite un viejo conocido del país en un fenómeno que es también es conocido de tiempo atrás: Emilio Tapia y la corrupción fueron la amalgama perfecta para que, ante una administración poco diligente, se lograra desfalcar de nuevo al país.

Por lo general, cuando un contrato público nace corrupto implica que uno o varios funcionarios estén involucrados en el desfalco. Lo que también nos indica la regla de la experiencia es que mientras más relevante sea ese contrato dentro de la entidad, mayor es el grado de involucramiento del director de la entidad pública en los casos de corrupción. A pesar de que hasta ahora está comenzando la investigación, tal parece que la Fiscalía General de la Nación ha empezado a mostrar sesgos, pues en una etapa tan prematura como en la que estamos le queda mal -por no decir otra cosa- afirmar que la exministra fue inducida en error, es decir, engañada por Emilio Tapia, pues determinar eso es labor de un juez de la república.

Es claro que en Colombia los verdaderos responsables no se conocen. Somos un país que nace derrotado desde el momento en que entidades como la Fiscalía, la Contraloría y la Procuraduría tienen ideología en su interior y terminan desnaturalizando su función constitucional por cubrir intereses para los que no deberían servir. ¿Todavía nos preguntamos por qué Colombia está al borde del otro extremo?

Estimadas y estimados lectores: dejemos la morronguería y aceptemos que por lo menos dos o tres generaciones están tan impregnadas de corrupción que la normalizan y la celebran como triunfos profesionales. Así mismo, y en ese proceso de aceptación, dejemos de ser tontos útiles de los mismos de siempre (y no por que crea que la alternativa que está liderando encuestas sea necesariamente la respuesta), pues es claro que, a pesar de existir capturas y condenados, la historia se repite, eso indica que quienes son el cerebro de nuestra realidad jamás han sido tocados.

No nos permitamos mandar por el abismo el país. No desperdiciemos de nuevo la oportunidad de arrancar el proceso de transformación que nos permita por fin dejar de querer ser Japón, pero no comportarnos y, en consecuencia, actuar como japoneses.

No sé ustedes, pero todo esto a mí ya me tiene harto, frustrado por ser cómplice con mi voto de perpetuar un statu quo que solo ha llevado al país a convertirse en esta colcha de retazos. No sé ustedes, pero en lo que me respecta a mí dejaré de votar por miedo o por el menos peor (sí, en varias ocasiones no he sido del todo responsable con mi voto) y daré paso a la coherencia para, por lo menos desde mi acción individual, dejar de ser un más de los procesos perdidos.