Analistas

La verdad de esta legislatura

Creo que muchos esperábamos que la conformación del Congreso con nombres de vieja data y curtidos en el mundo político como Horacio Serpa y Álvaro Uribe, entre otros, iba a traer consigo un debate de altura frente a los retos que estaba afrontando Colombia. Como todos los periodos, mucho se habla del Congreso de la República: bueno o malo, siempre está en la agenda noticiosa el comportamiento de las bancadas y es el momento de hacer el balance de esta legislatura que acaba de terminar, teniendo en cuenta que con él podremos calificar lo que fue la verdadera labor legislativa. 

Es importante que sopesemos dos elementos para evaluar con rigor y objetividad: las grandes y estructurales reformas son de iniciativa del Ejecutivo, razón por la que no podemos exigir al Congreso que asuma el rol que no le corresponde. También se debe tener presente que a Juan Manuel Santos lo reeligieron bajo la premisa de que él iba a abanderar la terminación del conflicto en Colombia. Por estas dos importantes razones, vemos cómo en el Congreso han brillado por su ausencia -aparte de los congresistas- proyectos de reformas urgentes como el de la justicia, la educación y la  seguridad ciudadana, entre otros. 

Es por lo anterior que podremos medir los grandes logros de este Congreso con lo aprobado para efectos de un eventual acuerdo de terminación del conflicto con la guerrilla de las Farc, y lo son. ¿Quién en sus cinco sentidos se opondría a vivir un país sin guerra? Independiente de la concepción que cada uno tenga de la justicia transicional o no, es fácil decidir si nos ponemos en los zapatos de quienes verdaderamente han puesto los muertos en este país y no en los de los que recogen firmas para oponerse a un acuerdo que no conocen en su integridad. Pero estos logros son atribuibles a la agenda del Ejecutivo y no a iniciativas exclusivas del Legislativo. 

Como destacable podemos llevar el hecho de la aprobación del cannabis para usos medicinales, la donación de órganos y la eliminación de los intereses a créditos educativos del FNA. Otros proyectos, más populistas que realistas, se nos han querido vender como un gran avance en términos legislativos, cuando lo que son es la pérdida de oportunidad histórica del debate y de generación de políticas públicas reales. Este es el caso de la “ley animalista”, que se fue por el camino fácil de la penalización como único mecanismo existente en nuestro país para la persuasión (algo que no pasa en la realidad) y creó el problema de la disposición de los animales incautados; ley importante, pero un desperdicio porque se pudo haber hecho la tarea con seriedad. 

Otra de las leyes que se nos han vendido como gran avance -y lo que traerá, estoy seguro, será una consecuencia totalmente contraria a la esperada- es la de la eliminación de las multas por los cambios o cancelación que realicen las personas para los tiquetes aéreos. El sentido de la ley es uno, pero los efectos económicos serán otros. Indiscutiblemente, las aerolíneas deberán subir los costos de los pasajes aéreos porque deben mitigar el riesgo financiero que implica la cancelación a voluntad del pasajero, sumado a que el costo de operación es el mismo con ese pasajero o sin él, por lo que la ley no se compadece con la realidad y terminará siendo un búmeran para el consumidor. Pero no solo fue lo que salió desde el Congreso, sino lo que no logró ser lo que debiera ser: el proyecto de la reglamentación de las cirugías plásticas y estéticas. Muchas vidas se pierden por no tener una reglamentación estricta; ser el quinto país del mundo donde más cirugías plásticas se realizan y tener una tasa de mortalidad alta debieron ser argumentos suficientes para que este proyecto hubiera sido una realidad. 

La conclusión es que este Congreso está con un saldo en rojo a favor de la ciudadanía, el cual deberá superar en la siguiente legislatura. De lo contrario, estará como el mal estudiante: haciendo la tarea a última hora, con el riesgo de que le quede mal hecha.