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Adiós, Unasur

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Unasur fue creada en 2004 con el propósito de fortalecer la integración de las naciones sudamericanas.

Si bien uno podría, en principio, entender ese objetivo como altruista y superior para efectos de generar un bloque económico y político de los países de la región, su verdadera razón no tuvo tanto romanticismo como su supuesta finalidad.

Es claro para todas las naciones que esta organización internacional tuvo su origen en la cabeza de los presidentes de Venezuela, Brasil, Bolivia y Ecuador de la época, quienes eran cercanos en su ideología política. Este oscuro nacimiento hizo que la organización de Unasur se convirtiera en una burocracia internacional de la izquierda en el continente y, con lo mismo, un cómplice silencioso de los abusos que en esos países -en especial en Venezuela- se cometieron y se cometen en nombre de una revolución inexistente.

Su inutilidad y la ausencia de posturas por parte de la organización la convirtieron en un convidado de piedra internacional y en la trinchera de avales para una dictadura que está generando ya no solo un problema interno, sino una preocupación regional por la cantidad de ciudadanos venezolanos que ha huido de su país para refugiarse en otros del subcontinente. El silencio de todos y cada uno de los secretarios generales que pasaron por Unasur sobre la crisis en Venezuela (y en especial del último, Ernesto Samper Pizano) permitió que se perpetuara una dictadura en ese país.

La salida de Colombia estaba en mora de ejecutarse, no solo porque los objetivos reales estuvieron distorsionados desde su creación, sino porque su permanencia podría interpretarse como un mensaje contradictorio frente al rechazo del actual gobierno a la dictadura venezolana, por la evidente violación de los derechos humanos en el país y la tragedia de desplazamiento internacional de ciudadanos venezolanos, sin precedentes en la región.

Colombia debe aprender a tomar posturas internacionales y a convertirse en un protagonista activo en la incidencia política en la región. Si bien la diplomacia tiene maneras de ejecutarse, no podemos perder el norte de la distancia que se debe tomar de escenarios internacionales que van en contra de la libertad y principios democráticos que deben primar por encima de las tendencias políticas en la región, por lo que no se podrá tomar como pretexto la salida de Unasur para criticar a un gobierno que ha empezado a demostrar coherencia en el discurso.

Desde luego, los posibles efectos de retirarse de Unasur no los vamos a sentir.

No puede generar efectos negativos algo que nunca tuvo una función práctica, pues fue una organización que nunca trajo beneficios a la economía del país y la integración prometida solo se quedó en manifiestos escritos que no se materializaron. Por el contrario, se convirtió en una carga y obligación de mantener una estructura que solo generó réditos para quienes la usaron como escudo protector para perpetuarse en el poder a costa de la vida, hambre y pobreza extrema creadas a raíz de una revolución manchada de sangre y que para Colombia tan solo fue un escenario desgastante desde el punto de vista de política internacional, implicando por el contrario cargas que jamás debieron asumirse. Por estas razones hay que celebrar la decisión tomada por el presidente Duque.

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