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La inteligencia artificial autónoma (IAA) nos permitirá revolucionar la naturaleza, el alcance y la utilidad del trabajo. Dejemos de perder tiempo en actividades desgastantes, a las que podríamos ser capaces de renunciar, si aprendemos a delegar.
La Paradoja de Solow demostró que la tecnología estaba en deuda con la productividad laboral. Convengamos que es más difícil medir y aprovechar los servicios administrativos -debido a sus ambiguas instrucciones, incoherentes reprocesos o disfuncionales sistemas-, que los basados en máquinas simples para potenciar la fuerza bruta en las operaciones fabriles.
Seguimos condicionados para registrar minucias que presuntamente mejorarían la coordinación, el seguimiento y la ejecución del trabajo; pero las fricciones entre nosotros y los sistemas de gestión son tan evidentes como su inefectividad, siendo frecuente que, pese a un esfuerzo tan absurdo como inhumano, nos estanquemos atendiendo bobadas o resolviendo negligencias.
Tales automatismos se reflejan en los descriptores de cargos o los contratos de desempeño. Sin entender para qué existen, y cómo impactan a otros, sus indicadores se limitan a numerar cuántas tareas ejecutaron. Aunado a esto, la computación reforzó otros vicios sofisticando los mapas de procesos, que evitamos desenredar o simplificar, y detallando listas de requerimientos que jamás depuramos, aunque atasquen nuestra contribución o nuestro potencial.
En los análisis de costos ABC las estimaciones son subjetivas o arbitrarias; así sobredimensionan los aportes y subestiman los recursos consumidos. Acaso aparentan cumplir aquella regla de 80-20, según la cual tendríamos claridad sobre las prioridades, sinergias o palancas, para impulsar los resultados. Nada más falso.
Haga un balance honesto, y descubrirá que desperdicia tiempo o su jornada se dilata, sin sentido, en un indefinido ciclo de presentismo. Entonces, su misión será desocuparse -delegando en la IAA-, para auto promoverse; de repente cambiará el agobio por el ocio, y precisará comprometerse a rehabilitar su mentalidad, para rediseñar su razón de ser.
Alabemos a la IAA cuando nos libere de las bases de datos, las hojas de cálculo, los procesadores de documentos y las cadenas de mensajería. También cuando nos reemplace en reuniones infructuosas, consolide las minutas y alerte a los interesados sobre decisiones incompatibles o metas inviables.
Según ActivTrak Productivity Lab (Quarterly Benchmarks Report, 4/11/2023), quienes estrenaron alguna IAA redujeron su jornada, aunque casi un tercio de esas personas continúa trabajando más de 10 horas diarias. Claro, hay gerentes que prefieren seguir eliminando empleos, y sobrecargando a esas personas con tareas ridículas, distractoras o redundantes.
Los equipos y deportistas de alto desempeño conocen el efecto de esos innecesarios excesos, en los momentos determinantes de la competencia (load management). De ahí que un error fatal de la economía y la gestión humana haya sido deshonrar el descanso planificado, y prohibir la contratación de suplentes para rotar.
La ecuación organizacional invita a reducir costos o agregar valor. ¿Hacia dónde apuntarán la IAA, y Usted?
Ninguna fuerza política alcanzó un respaldo suficiente para gobernar sin construir consensos. Y eso, lejos de ser una debilidad, es una señal de madurez institucional
El resultado electoral demuestra que ha surgido un nuevo bipartidismo, reconfigurado sobre patrones ideológicos muy claros. Por un lado, el Pacto Histórico, una organización de izquierda populista. Por el otro, el Centro Democrático, un partido más pragmático de centroderecha