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Mientras que la excusa de moda en las entidades estatales y de servicios públicos sigue siendo “el sistema está caído”, los antisistema se erigen contra una época de crisis sistémicas, simultáneas (según el Foro Económico Mundial) o superpuestas (en palabras del Banco Interamericano de Desarrollo).
Los sistemas modernos reprodujeron lo que sucedía en la descompuesta realidad, pues fueron parametrizados a la medida del pasado. Por eso opacan la información, obstaculizan los procedimientos, codifican pautas absurdas, automatizan los anatemas y corrompen sus enmiendas.
Tales funcionalidades abundan en la versión neoliberal, 4.0, cuya aparente carencia de reglas y límites demostró ser tan nociva como autoritaria. El oportunismo se convirtió en ley, y faltó implementar genuinos casos de uso, positivos, además de corregir los negativos. Nadie administra consecuencias, y seguimos tolerando o promoviendo las reincidentes fallas del mercado, el estado y el sistema.
Causa y efecto, entre todas esas contradicciones emergen las áreas de sistemas, que están cerradas y desintegradas. Después de que su servicio al cliente fracasó, asumieron la estratégica misión de ocultar secretos, atajos y excepciones, cuyo conocimiento otorga poder. Así se contagiaron con los mismos virus que inmunizaron a finanzas y mercadeo: la soberbia y la corrupción.
Convengamos que sus proyectos nunca cumplen las expectativas, aunque consumen recursos a perpetuidad: tal como los tapahuecos en Bogotá. Así, maquillando los problemas, el control de daños se reduce a delegar en cada empleado cierta “Subgerencia de Sistemas”, para que compense las deficiencias o trate de manera peyorativa a los usuarios, que permanecen aprisionados por el caos.
Ese lavado de manos -o desplazamiento de la carga según los arquetipos de la Dinámica de Sistemas-, expone falacias como el mejoramiento continuo o la inercial gestión del cambio, porque los manuales permanecen desactualizados, las capacitaciones son superficiales, y las aplicaciones son liberadas, aunque hayan multiplicado los errores y las sobrecargas laborales.
Ejemplos de esta clase de sistemas, nominales, incluyen a la seguridad social, el estatuto tributario y el modelo de transporte, porque, además de tener fundamentos fallidos, las instituciones gestoras están desarticuladas, los entes operacionales son disfuncionales, y sus plataformas permanecen colapsadas.
Aunque el ciudadano parezca sedicioso, tiende a someterse a la insoportable levedad de los sistemas, inestables e inútiles, pues no incorporan algún Modo a Prueba de Fallos; las versiones Beta ignoran los errores, de forma y de fondo, que reportamos en tiempo real o a través de Pqrs, y las versiones Alfa supuestamente satisfacen la mayoría de los requisitos, que nunca fueron consultados con los ciudadanos: la especie que salió del mercado.
La ingeniería de sistemas permanecerá en crisis mientras sigan identificando mal los requerimientos, y traduciendo -no corrigiendo- la precaria realidad al configurar la virtualidad.
Se llevó el destino a un gran artista que hizo honor a su sangre torera y bailadora, consagrada por su origen al esplendor del rejoneo
El arte tiene la facultad profunda de interpretar la realidad; tal vez por eso lo revisito de forma constante, y lo cito con recurrencia, probablemente en busca de inspiración, seguramente en busca de respuestas
El dato más revelador del informe del Dane no está únicamente en la expansión del consumo final de gobierno, que creció 7,8% anual, sino en la composición misma del gasto estatal