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Analistas 27/11/2021

Colombian Experience (CX)

Germán Eduardo Vargas
Catedrático/Columnista

Planeación Nacional tiene la misión de crear la Visión Colombia 2050: el nuevo testamento de Duque. Profecía autocumplida, su óptica siempre justifica que algunos sean «más iguales que otros», y su bola de cristal refrendará el «eterno retorno».

Los exámenes de prospectiva son inútiles en este resiliente país, donde «no pasa nada». Además del Error de Diagnóstico, por presbicia bicentenaria o miopía hereditaria, las reformas requeridas son saboteadas por los poderes públicos y el 1% de la población privilegiada, entre quienes están los millonarios y los «expertos» a quienes consultará el DNP.

Como «el papel aguanta todo», maquillarán el fracaso constitucional y la corrupción institucional; y la enmienda propuesta terminará ofreciendo o demandando más de lo mismo, tal como demostró, en este aberrante Paraíso Perdido (Milton, 1667), la nueva «normalidad». Acaso plagiarán algo del insistente reporte del Consejo Privado de Competitividad (2021), y del reciente compendio ‘Hacia la Construcción de una Sociedad Equitativa en Colombia’, publicado por el Banco Mundial.

La «experiencia» ha demostrado la futilidad o la perversión de esas iniciativas. Sugiero, entonces, que hablemos de nuestra «Experiencia» de Ciudadano -Colombian Experience-, de manera análoga a la moda Customer Experience (CX), cuya presunta intención es mejorar la relación del cliente con una marca, durante todo su ciclo de vida.

La Marca País está diseñada para manipular la «Experiencia» del Extranjero: no mejorar la del Colombiano, aquel embajador que ni siquiera conoce el territorio nacional. Sin acceso a marcos de referencia, la mayoría de compatriotas sobrevive confinada; y las líneas base que entierran su calidad de vida, son decretadas por tipos tan arbitrarios como Mario Hernández, cuya filosofía -“si tiene hambre, sale adelante”-, ignora que el ciudadano promedio permanece estancado y humillado cual «muerto de hambre».

Pregunten a los «expertos» en las calles: ¿este País es Acogedor?; ¿se sintió secuestrado en el último trámite que realizó, ante cualquier entidad pública o privada?; ¿ese servicio amerita la certificación de calidad que seguramente acredita?; ¿su «experiencia» fue coherente con lo ordenado por la constitución?

Sólo una élite disfruta del proclamado Estado Social de Derecho, y apenas otra minoría honra el estrecho ‘Capítulo 5’ de la Ley de Leyes, cuyos Deberes y Obligaciones incluyen “respetar los derechos ajenos y no abusar de los propios”, además de “Obrar conforme al principio de solidaridad social”, con “justicia y equidad” (Artículo 95).

No hay equilibrio, complementariedad ni efectividad. Por eso la Tutela se desnaturalizó, y parece carné de afiliación a EPS, aunque siete de cada 10 acciones terminan impunes; y quienes no usan ese mecanismo -por ignorancia, pereza o desesperanza aprendida-, no pueden decir que están satisfechos, pues siete de cada 10 víctimas no denuncian, según el Dane. Colombia: Estado judicial de derecho, con inseguridad jurídica. Estado de derecho torcido, donde rigen la informalidad, lo privado sobre lo público y la justicia por mano propia. Estado social de deberes, pues está quebrado. Estado evasor, pues adeuda los derechos y desprecia sus obligaciones.

En memoria del genuino ideario liberal de mi Padre.