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La Milla Extra

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Una de las lecciones más valiosas, pero además reconocida clave del éxito, la dejó nuestro Señor Jesucristo con la frase, “si alguien te pide que camines una milla, anda con él dos”, por el trascendental significado que contiene como experiencia de vida no solamente personal, sino ante todo, para poder llegar a tener esa calidad humana, traducida en solidaridad y servicio que remedie males sociales.

Sin embargo, el contexto egoísta y competitivo, aunado al ambiente consumista y facilista que nos caracteriza, hizo que nuestro pensamiento y comportamiento vaya en dirección diametralmente opuesta a lo antes anotado, con el agravante de que esa condición hace parte de la cultura imperante, la cual podría también ir en contravía a nuestra condición moral; siempre y cuando permitamos que la evolución actúe.

 Desafortunadamente, nos acostumbramos a dar solo hasta donde nos piden, hacer solo lo justo y necesario pero nunca ir más allá de lo acordado, porque pierdo y abusan de mí, cuando al contrario puede ser el motivo del éxito y fuente de mejor remuneración, no solamente material, sino mental, espiritual y emocional; justo porque aspectos tan fundamentales como éste se olvidaron en escuelas y colegios.

Esto, junto a la mentalidad de los favores y de hacerlos para que nos los queden debiendo o simplemente actuar pensando que podré recibir o peor aún, en “el cómo voy yo” que se ha institucionalizado y difícilmente podrá erradicarse, debería generar el inicio de un plan metódico de formación ciudadana, que pueda ser incluido entre los planes y programas de gobierno para la próxima contienda electoral.

 Para eso resulta vital recordar el concepto “hombre-masa” de José Ortega y Gasset en la “Rebelión de las Masas”, como el “hecho de prisa, montado nada más que sobre unas cuantas y pobres abstracciones”, aquel que “tiene solo apetitos, cree que sólo tiene derechos y no cree que tiene obligaciones”, además dice “en rigor, dentro de cada clase social hay masa y minoría auténtica”; que sigue siendo la principal debilidad democrática por no enseñar a andar la milla extra ciudadana.

 Pero este asunto se torna aún más complicado al verificar que tenemos un Estado cooptado por un grupo de interés y presión que desvía y sesga sus oficios y los induce a operar con una visión limitada a solo atender las exigencias promovidas por aquellos que capturan la gestión pública, con el agravante que ésta mirada del problema, deriva en mayores atrasos y aumento continuo de brechas.

De ahí considero clave institucionalizar “la milla extra”, como necesidad apremiante y decisiva en nuestra sociedad, no solo por ser tal vez el mejor medio para derrotar la corrupción mediante la mejora de las competencias ciudadanas, sino sobre todo, como el medio idóneo para aprovechar óptimamente nuestros recursos y concretar de la forma más expedita, la posibilidad de ser un país rico, equitativo y sostenible.

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