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La inversión que necesitamos

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La importancia de la inversión en el desempeño económico y social cobra cada vez mayor relevancia, en la medida que es entendida como desencadenante de la suerte de los otros factores considerados al evaluar el comportamiento y tamaño de la economía, tales como el consumo privado y público, y las exportaciones e importaciones; dado que su nivel y calidad los condiciona para bien o para mal.

Así las cosas, el tipo de inversión requerida conforme las prioridades de desarrollo debería ser el foco de la política pública, desde lo local a lo nacional y viceversa, siendo para el efecto fundamental la visión y los instrumentos proporcionados por el Gobierno Nacional. No obstante, acá todavía no asimilamos debidamente este axioma económico, con el consecuente vacío que deriva en pobres ejecuciones.

En la medida que tengamos claro cuál es la inversión que necesitamos, estaremos en mejores condiciones para movilizarla y asentarla en nuestros territorios, lo cual está por verse. Esta falencia se presenta por la obsesión con la explotación minero-energética, vista como la panacea, y en el mejor de los casos la maquila, lo que ha impedido reparar en la insuficiente formación interna bruta de capital para crecer.

Es el mercado de capitales el medio en el cual se brindan las condiciones para que la inversión haga presencia en sus dos frentes. De un lado, la del emprendedor que busca apalancamiento y la estructura óptima de capital que le permita aprovechar al máximo el costo de oportunidad de su negocio. Y del otro lado, el inversionista que espera mejorar los rendimientos y minimizar riesgos con la diversificación.

El mercado de capitales, en sentido estricto, tiene que ver con el intercambio primario que se da entre el capital que necesita una empresa en cualquiera de las fases de desarrollo dentro del continuum del capital, desde capital semilla a capital de riesgo y privado, hasta una oferta pública inicial en el mercado público de valores; es decir, se expresa en ámbitos en principio privados y, finalmente, público.

La anterior es precisamente una de las mayores talanqueras al tratar el mercado de capitales en nuestro medio, que solo es entendido como el mercado público de capitales; principalmente el mercado secundario, vale decir el relacionado con las transacciones de acciones listadas en la Bolsa de Valores de Colombia, descuidando así las posibilidades de atender y fomentar al primario, desde el privado al público.

Al respecto, el vehículo que supuestamente sirve para promover las inversiones en el mercado privado de capitales son las zonas francas, las cuales francamente más que para ese propósito contribuyen a la elusión y evasión de grupos privilegiados que ya tenían presencia en el agregado productivo y, de forma excepcional, para promover exportaciones con alto valor agregado, lo cual confirma la regla.

Ante el compromiso con la inserción en la economía mundial, el componente de la inversión en los TLC debe ser el as bajo la manga si se considera la inversión foránea benéfica como el medio idóneo para realmente cerrar brechas, al incorporar competencias y capacidades en fronteras de la producción y del saber, en aquellos sectores productivos en los cuales necesitamos ponernos a la vanguardia para aprovechar sosteniblemente los recursos naturales, la fabricación de productos y la atención de servicios propios de la sociedad del conocimiento.

Consolidada como está la estabilización macroeconómica, base de la confianza al atraer inversión, la tarea que falta es el ajuste estructural, la transformación productiva innovadora que requiere de mejoras en el marco institucional, el cual deberá evolucionar porque su status quo solo favorece mantener la tendencia perversa de atraso y concentración de la riqueza.

Al respecto, la industria nacional para volverse realmente competitiva necesita de acicates que induzcan cambios y verdaderamente la transforme y coloque a la vanguardia en todas las fronteras del conocimiento y la producción. Para esto, necesita realizar la correcta inversión greenfield que antes he mencionado.

La mejor manera de propiciar el crecimiento conducente al anhelado desarrollo sostenible, es sin lugar a dudas movilizando la adecuada inversión, la cual además está íntimamente ligada a la innovación, la productividad y la competitividad, por lo cual y dado el foco que propongo para la misma, requiere reforzar los medios y garantías de los derechos de propiedad y el cumplimiento de obligaciones legales.

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