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IED, Tributación y Productividad

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La relación entre la Inversión Extranjera Directa (IED) con la tributación y la productividad es innegable, pero además en la actual coyuntura resulta ser el factor que integra las variables tal vez más decisivas para nuestro futuro económico, porque con la dinámica del tinglado empresarial local, difícilmente cerraremos las brechas del desarrollo equitativo y sostenible.

Al respecto es absolutamente menester reconocer la naturaleza y calidad de la IED, tema que infortunadamente no ha sido debidamente considerado porque en su tratamiento, hay diferencia de condiciones entre la que tiene las implicaciones tal vez más cuestionables, con la que podría acarrear los beneficios más deseables, con el inmenso daño que esto ha traído consigo.

Vemos que la inversión en actividades extractivas tiene mejores prerrogativas que miopemente responden a ventajas comparativas en riesgo, con el agravante que deslegitiman y estigmatizan las acciones necesarias de adelantar en otros sectores claves, tales como los asociados a la innovación científica y tecnológica, donde no nos hemos atrevido a incursionar por falta de ciencia y de conciencia. Ahora que estamos ante la inminente reforma tributaria de carácter estructural y además ante un altísimo impuesto a la renta empresarial, que ha contribuido a ahuyentar las requeridas inversiones foráneas, será necesario revisar el tema con la mayor diligencia posible, siendo crítico focalizarnos en los esquemas utilizados mundialmente como buenas prácticas para efectivamente atraer IED de calidad.

Sin embargo los principales detractores y enemigos de esto somos nosotros mismos. Vemos cómo analistas tan prestigiosos como el ex ministro José Antonio Ocampo, prácticamente levantan voces para emprender una cruzada mundial contra las multinacionales sin ningún tipo de clasificación y discriminación, lo cual puede ser totalmente contraproducente, dadas las necesidades que tenemos.

Ocampo recomienda que los Estados no defiendan las multinacionales involucradas en conflictos tributarios con otros países, así mismo que rechacen la posibilidad que sus filiales o sucursales reciban tratamientos preferenciales y reconozcan que estas actúan como una entidad única con negocios globales.

Por lo cual propone que las multilaterales actúen como fiscalizadoras y retenedoras de abusos.

Pero más que luchar por consignas utópicas de alcanzar, ya existe el Plan Beps para ese tipo de manejo y claro, las multilaterales asociadas al tema deben profundizar en la conceptualización, caracterización e implicaciones de diferentes tipos de IED, para luego procurar identificar las políticas públicas aconsejables de aplicar en cada caso, como de hecho avanzan Unctad y Unido, en algo sensato.

Es que confundir y distraer el foco de atención es muy propio de una nación como la nuestra, proclive al esnobismo utilitarista de quienes procuran mantener privilegios adustos entre la tecnocracia internacional.

Lo que perpetúa el estatus quo en pro del establecimiento mundial dominante, sin responder a las necesidades de nuestra población, ni ayudarla a entender y enfrentar correctamente sus retos.

Si lo que realmente queremos es una transformación productiva innovadora, que rompa estructuras anquilosadas para acceder a la sociedad del conocimiento con balances favorables de toda índole, bien vale la pena considerar la Inversión Extranjera Directa de calidad y un caso paradigmático como el sector automotriz de México. 

Ojo, nunca será tarde para hacer algo al respecto.
 

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