Analistas

Costo de oportunidad

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La responsabilidad de dirigir un país es demasiado grande pues conlleva el gigantesco peso de brindarle a toda la población, sin discriminación alguna, los medios sociales y económicos que les garanticen las mejores condiciones de vida posible, pero además la oportunidad de ascender y mejorar permanentemente en la escala ó nivel de ingresos y riqueza; loable cometido, aún incomprendido.

 
Es que las políticas que hemos adoptado, adaptado y creado, aunque han permitido una relativa y estable gobernabilidad, entendida como la capacidad de los gobiernos de responder a las demandas y exigencias ciudadanas, en particular de los grupos de interés y presión con capacidad de captura; la verdad es que nuestra nación y región latinoamericana, no ha despegado del atraso y la pobreza.
 
Aunque los esfuerzos realizados en todos los órdenes, del lateral al multilateral, públicos y privados, son bien intencionados; éstos resultan insuficientes y porque no decirlo, a veces inadecuados, pero además, recaen en sobrediagnósticos y recetas desgastadas e ineficaces, con las nefastas implicaciones que esto acarrea, sin que nos atrevamos a mirar el problema desde otras aristas y perspectivas.
 
Queremos ser protagonistas de realidades de primera, aunque seguimos recitando cartillas idénticas e interpretando los mismos libretos de segunda, pero peor aún, continuamos predicando credos pregonados por los evangelizadores culpables de nuestra deplorable situación, todavía vistos como mesías más por responderle bien a poderosos requerimientos privados ó politiqueros, que al real interés general.
 
Basta ver con claridad a los que fungen como líderes y adalides del avance y el progreso en las diferentes áreas relacionadas con el desarrollo económico y social, para así darnos cuenta de lo anterior; personajes muchas veces acompañados de sabios y magos de otras latitudes y altitudes, que difícilmente podrán interpretar y responder debidamente a una realidad tan compleja y disímil como la nuestra.
 
Ésta coyuntura exige visiones alternativas del problema del desarrollo inclusivo, sostenible y sustentable. Es preciso examinar otros caminos para llegar de la mejor manera al anhelado mundo desarrollado y equitativo, donde la equidad solo se podrá dar y ver, en la medida que haya justicia social, económica y ambiental. Se requiere entonces de fórmulas creativas al asumir el problema del desarrollo.
 
El costo de oportunidad es inconmensurable por el momento que vivimos y el universo de necesidades insatisfechas en muchos frentes. Al respecto, depender exclusivamente de políticas probadas en otros contextos ó aquí, no garantiza el éxito, primero porque lo que pueda ser bueno en una cultura y geografía, no necesariamente es la solución acá; y en segundo lugar, porque lo supuesto bueno que hemos probado no ha resuelto el problema, sino por el contrario, lo exacerbó.
 
Sobre esto he proclamado y hecho conocer a través de éste privilegiado espacio de análisis y opinión una propuesta que señala en la dirección en principio de nutrir y enriquecer el debate sobre el tema; un arreglo de valor que estimo consistente, pertinente, pero además técnicamente solvente, y que también he presentado en varios escenarios en procura de recibir retroalimentación.
 
No obstante, el esfuerzo realizado todavía no ha suscitado al menos la esperada controversia, pues los pares que considero más calificados y me han escuchado en el ámbito privado y público, aunque en su mayoría han recibido bien ésta iniciativa, todavía estoy a la espera de argumentos justificados que avalen ó descarten el marco conceptual y procedimental que planteo para resolver éste enigma.
 
Finalmente el mayor costo que enfrentan los dirigentes y líderes de las sociedades es cuando le rinden cuentas sobre su gestión a las personas que los eligieron, pero principalmente será a Dios cuando hagan tránsito hacia el más allá, porque de sus decisiones activas ó pasivas, depende la dicha ó desgracia de todo un pueblo. De ahí, obrar en consecuencia con las responsabilidades, es la mejor forma de servir.
 
Coletilla: Los espacios de opinión como éste son precisamente eso, por tal razón los columnistas debemos aportar elementos de juicio que ayuden a construir la verdad, a develar sofismas y defender el interés general por encima del particular, aunque en esto estén inmersos intereses y designios propios. Esa es mi realidad.
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