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Nos duele la violencia

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Gabriel Velasco - velascogabriel@hotmail.com

Dolor, tristeza, desespero, impotencia e incluso pánico eran los sentimientos que inundaban la sucursal del cielo la noche del 21 de noviembre. Las imágenes de saqueos, invasiones a la propiedad privada y vandalismo, desdibujaron la marcha pacífica donde más 20.000 caleños se reunieron para apoyar el paro nacional y de manera legítima ejercer su derecho a la protesta.

Sin embargo y aunque los condenamos, repudiamos y rechazamos, no debemos centrarnos solo en los desmanes protagonizados por algunos criminales cuyo único objetivo es la generación del caos en nuestra ciudad y en el país, como cortina de distracción para adelantar una jornada delictiva que además busca desestabilizar la institucionalidad. Por el contrario, es momento de escuchar y reconocer el descontento social de algunos sectores que lo manifiestan con respeto y sin incitar al caos, a pesar de no compartir la ideología de muchos, o los argumentos de otros.

Las causas del paro aún son difusas, en la calle se escuchan todo tipo de arengas, donde se mezclan temas de fondo nacional, con algunos de injerencia regional y otros argumentos que responden a confusiones en la información. Por eso, en aras de construir, es necesario establecer una agenda liderada por el Presidente de la República, con retos específicos, donde los diferentes actores; el gobierno nacional, gobernadores, alcaldes, congresistas, empresarios y sociedad civil podamos sumar esfuerzos dentro de un marco institucional.

Los colombianos debemos transformar la crisis por la que hoy atravesamos, para unirnos en la recuperación de la autoestima colectiva y reestablecernos como nación. Debe ser una causa común que nos acerque, no que nos divida e incendie. Necesitamos avanzar con los opuestos en la búsqueda de coincidencias sobre lo esencial, sin claudicar los principios para establecer un camino en el que todos podamos participar.

Crecí viendo el talante cívico de nuestra ciudad y su capacidad de construir en equipo, así mismo he lamentado por años la pérdida paulatina de esta virtud. Por eso hoy quiero hacer un llamado a buscar puntos de encuentro dentro de la diferencia sin claudicar principios, a que como colombianos demostremos que los buenos somos muchos más, que pensar distinto no nos hace enemigos y mucho menos nos lleva a actuar con violencia.

A los violentos debemos aplicarles con mano firme todo el peso de la ley, pero el descontento respetuoso y no legitimador del caos institucional se debe escuchar y demostrarles que desde el gobierno y otros sectores, estamos dispuestos al diálogo que busque acuerdos en lo esencial y como consecuencia construir un mejor futuro para todos.

No puedo desaprovechar este espacio para agradecer a todos los miembros de la fuerza pública que expusieron su vida para reivindicar los derechos de la ciudadanía y retomar el control del orden en donde hubo violencia. A cada uno de los policías y militares que trabajaron de manera incansable por proteger la institucionalidad, mil y mil gracias.

A la ciudadanía que se está movilizando en todo el país, le pido que mantengan el carácter pacífico de la protesta y seamos prudentes con el uso del lenguaje. No podemos generar un ambiente de incertidumbre y pánico colectivo que es precisamente la atmósfera que capitalizan los violentos y los oportunistas para satisfacer sus mezquinos intereses. Debemos rodear a las autoridades. Incendiar la república es muy fácil, pero levantarla de nuevo, hacerla grande y próspera requiere de mucho esfuerzo. Trabajemos unidos para devolverle la fuerza, la confianza y la pujanza a nuestro país.

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