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Analistas 10/09/2022

Invasiones

Gabriel Velasco
Senador
La República Más

No sé si todos estén enterados o no, pero hoy en Colombia existe un importante conflicto de tierras en el Cauca, especialmente en el Norte del Cauca. Lo cierto es que dependiendo de cómo se resuelva, se generarán o no, nuevos conflictos de tierra en todo el territorio colombiano, como ya se empiezan a ver en siete departamentos.

Brevemente y me excusarán lo simplista, explicaré cuál es la situación. Las comunidades indígenas, afros y campesinas tienen una reclamación histórica para que se les reconozca unas tierras para sus comunidades. Los diferentes gobiernos se han comprometido con ellos para resolverlo. Gran parte de los compromisos se han generado como consecuencia de los “acuerdos de carretera” en los cierres de la vía panamericana. Estos acuerdos prometidos suman casi 392.000 hectáreas, más o menos 12,68% del territorio del Cauca y esperan que estas tierras sean otorgadas en la parte plana. Por el otro lado, están los dueños de la tierra en disputa, quienes en su gran mayoría tienen los títulos de propiedad sin discusión jurídica alguna y esperan que el Estado les proteja el derecho constitucional a la propiedad privada. Lo cierto es que se tiene un problema serio, pues para hacer valer sus derechos algunas comunidades han decidido invadir, secuestrar trabajadores, destruir los cultivos, la maquinaria, no dejan producir, dejando en la ruina en la mayoría de los casos a los dueños de los predios víctimas de estas vías de hecho. En la actualidad el Gobierno ha generado unos espacios formales de diálogo y ha dado plazo perentorio para desalojar los predios invadidos. El Cric emitió un comunicado diciendo que no lo harán.

¿Cómo resolverlo? No podemos tapar el sol con un dedo, las posiciones de las partes son opuestas y plantear puntos de encuentro no es fácil. La tierra es una y no se fabrica más, ni se pueden crear niveles de ella.

Sin embargo, creo que todos vamos a tener que buscar mirar el problema por fuera de la caja para intentar resolverlo, sino vamos a seguir dando vueltas en un laberinto infinito al mejor estilo de Borges. Me atrevo a pensar en voz alta así se vengan críticas:

1. No se les va a poder entregar toda la tierra que pretenden y seguramente sí se va a tener que pensar en vender a un precio justo una parte de la tierra invadida.

2. Tal vez no se deba pensar solo en cuanta tierra aspiro me den, sino cuánto me produce por hectárea. Se debe pensar en la infraestructura, tecnología y conocimiento que se requiere para ponerla a producir de manera eficiente.

3. Se les debe asegurar el precio y el mercado a los productos comunitarios.

4. ¿Por qué no pensar qué tal vez es mejor para la comunidad ser la dueña o socia de una empresa nueva que se cree para transformar y generar valor a los productos que produce la tierra?

5. Se requieren bienes públicos sociales para estas comunidades que hoy son precarios como: acueductos, alcantarillados, hospitales, colegios, formación para el trabajo y universitaria, conectividad digital y así suene raro, electricidad y gas que no tienen acceso. Sin infraestructura social es imposible producir.

6. Resumiendo, no centrarse tanto en la tierra y más en el desarrollo integral rural.

Por último, se requiere que el Estado garantice que no se invada. De lo contrario, no hicimos nada.

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