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Tribuna Parlamentaria 26/11/2022

Escuchar al mercado

Gabriel Velasco
Senador

Ejercer la oposición no es solo un derecho democrático a pensar diferente y poderlo expresar libremente, es la posibilidad de hacer contrapeso a quienes ostentan el poder. En nuestro país este derecho lo regla la Ley Estatutaria 1909 de 2018, la cual se conoce como Estatuto de la Oposición. Esta norma, en su artículo 5, establece los principios rectores, y en el literal b manifiesta que “el derecho fundamental a la oposición e independencia política es una condición esencial de la democracia participativa y debe realizarse reconociendo los valores de la convivencia, la tolerancia, la deliberación pública, la no estigmatización y el respeto a las diferencias”. En fin, en Colombia la Constitución y la ley han generado un marco normativo para otorgar y garantizar este derecho.

Aparentemente la oposición la deben realizar las organizaciones políticas, que podrían ser los partidos y movimientos políticos o las organizaciones independientes. En la práctica, también la oposición democrática la realiza la ciudadanía cuando se organiza y ejerce de manera pacífica su derecho a la protesta. En el tecnológico mundo moderno este derecho lo ejercen, así mismo, los usuarios de las redes sociales, en sus diferentes formatos. No podría dejar por fuera a los columnistas y blogueros de opinión. Me atrevo a aseverar que incluso algunos medios de comunicación, al entregar de manera independiente y objetiva la información a la opinión pública, pueden terminar ejerciéndola, como también otros medios, cuando abiertamente fijan su posición. Todos están en su derecho de determinar su línea editorial.

Lo cierto es que hoy, en Colombia, en mayores o menores proporciones, se ve un poco de todo lo anterior. Si se dedican un ratico a reflexionar sobre ello, seguro encontrarán los ejemplos y yo me ahorro unas líneas describiendo cada uno. Lo que para mí ha sido un hecho nuevo -y, admito, no pensado- es que el mayor opositor al gobierno no sean los políticos, ni la ciudadanía, sino un colectivo abstracto, etéreo, conocido como “el mercado”.

Que el gobierno dice que no va a realizar más exploración mineroenergética… Pum, sube el dólar. Que va a generar control de precios… ¡Caramba!, subió el dólar. Que va a establecer control de cambios… ¡Recórcholis!, se disparó el dólar y se subió la tasa de interés que pagamos por nuestra deuda soberana. Que se organizaron, definieron un único vocero y desmintieron todo lo anterior… ¡Oh, qué sorpresa!, bajó el dólar. Ya saben lo que pasó cuando anunciaron la reforma pensional: para arriba, otra vez.

Esto, por el lado del dólar, en un país que importa más de 49% de las materias primas que utiliza para producir, tendrá efectos, quiérase o no, en el segundo punto que hace oposición: la inflación. Que subió la comida, que subió la gasolina y que va a subir el salario mínimo… Dólar alto sumado a inflación alta es igual a meterle la mano al bolsillo a todo el mundo. Todo más caro es igual a malestar, zozobra y desaprobación de la gestión.

No estoy seguro si el gobierno escucha o no a la oposición que establece la ley, pero si no le para bolas al mercado, seguro tendrá a un número muy grande de ciudadanos inconformes y en franca oposición.

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