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Analistas 26/02/2021

¿Más impuestos?

Si se trata de superar una recesión es apenas lógico aplicar remedios para salir de ella y no para aumentarla. No es complicado. Basta tener claro cuál es el pedal del freno y cuál el acelerador y, desde luego, no equivocarse oprimiendo a fondo el que no corresponde. Es la receta correcta y tan de elemental sentido común que suena perogrullesca. La podría afirmar sin ruborizarse monsieur Jacques de la Palice.

Hoy nadie discute que atravesamos una recesión muy fuerte, cuyas características dicen de manera inequívoca que empeora día a día. No hay que gastarle tiempo a cazar brujas, sino a bloquear la expansión del virus.

Como se trata de reanimar la producción, revitalizar el consumo y recuperar los puestos de trabajo perdidos, podemos tomar estos resultados como criterio para medir la bondad de los remedios. Serán buenos si reaniman la economía, inocuos si dejan correr los males y pésimos si no solo demuestran su ineficacia sino que consumen tiempo, recursos y energías.

¿Qué sucede, por ejemplo, si aumentan los impuestos?

No importa cuáles, nacionales, departamentales, distritales o municipales. Hablemos de impuestos en general.

¿El alza de gravámenes fomenta la producción de una empresa? ¿Facilita su reapertura si las dificultades de los meses recientes la obligaron a cerrar? ¿Si continúa abierta, le quedan esperanzas de sobrevivir?.

Algo semejante ocurre en el comercio. Las compras dependen en gran medida de los ingresos disponibles. Los consumidores comienzan por intentar mantener su nivel de vida gastando los ahorros, si acaso han tenido la precaución de hacerlos. Se van en los primeros meses, ¿y cuando se acaben? Si no hay aumento de ingresos y a los que quedan les recortan la parte que se llevan los nuevos impuestos, ¿quién compra? El consumidor con ingresos congelados queda en la física imposibilidad de comprar los artículos que los productores necesitan desesperadamente vender. ¿Qué sucede con la demanda agregada si se reducen sus componentes?

Las dificultades fiscales son bien conocidas, pero trasladar dinero de productores y consumidores para entregárselo al Fisco no es una solución, sino una fuente de más problemas. Crea unos nuevos y complica los existentes.

De tanto aplicar el freno se va a dañar el acelerador, por falta de uso, y resultará más complicado volver a arrancar.

Será sumamente difícil conseguir, en el futuro, emprendedores nuevos y empresarios veteranos dispuestos a lanzarse a la aventura económica de producir y crear empleo, si después del recorrer un camino repleto de obstáculos solo lo espera un recaudador de impuestos.