El derecho a la información adquiere mayor importancia a medida que las sociedades crecen y aumenta la complejidad del trato diario entre ciudadanos y autoridades. Gana un lugar que todos los días es más prominente, al volverse indispensable para el ejercicio de otros derechos. Y es doblemente importante mirado como elemento fundamental de las libertades políticas, que colocó en un pedestal la libertad de prensa, y como el remozado derecho a ser informado, sin el cual el ejercicio ordinario de las actividades sociales se convierte en un deambular en medio de la oscuridad.

La trascendencia de saber qué está pasando se torna vital en tiempos de crisis, en la guerra, por ejemplo, y eso lo saben bien los combatientes para quienes ese conocimiento es de vida o muerte, o en una pandemia como la que sufrimos, en donde también es de vida o muerte.

Los desarrollos del mal y la forma de combatirlo son esenciales para que la población sepa para dónde moverse y en dónde refugiarse del bombardeo o del virus. Es información vital cuyo manejo errático tiene consecuencias desastrosas de toda clase. Hasta electorales, como lo comprobamos en las recientes elecciones presidenciales de los Estados Unidos.

Pero no basta que haya información abundante, es indispensable que sea absolutamente veraz, inspirada en el propósito de presentar la realidad sin arandelas y sin segundas intenciones. Porque mezclarle intentos de sacar ventaja, transforma el informe en propaganda o instrumento de manipulación. Al no ser exacta y completa es lo más parecido a una mentira. Y sigue pendiente la tarea de evitar que el internet se convierta en un contaminante de la noticia , divulgador de falsedades y sembrador de engaños.

Por fortuna, la información sobre esta pandemia se ha suministrado seriamente, de manera que los colombianos saben lo que está sucediendo y cuentan con los elementos necesarios para tomar buenas decisiones. Con los datos disponibles pueden escoger, a pesar de los problemas puntuales y de las vacilantes intervenciones de las autoridades mundiales de salud. Muestran, en ese contexto, un grado de disciplina que los críticos de profesión consideraban imposible en una sociedad que no se distingue precisamente por una rígida disciplina colectiva.

La presencia del presidente Iván Duque ha sido definitiva. Estableció una comunicación directa con la gente, que permite conocer a diario los sucesos en vivo y en directo con la primera autoridad del país. Es una buena forma de compartir la información.

Los colombianos pueden estar o no de acuerdo con algunas de las medidas adoptadas, pero agradecen que su Presidente le ponga la cara al problema. Es un ejemplo de cómo se puede cumplir la obligación de informar por parte de los gobernantes y de satisfacer el derecho de los gobernados a informarse bien.