Analistas

Somos insignificantes para EE.UU.

La visita del presidente Santos a Washington ha sido un verdadero suceso nacional. Ocupó las principales páginas de los medios colombianos, los cuales celebraron el hecho de que se hubiera renovado la relación. La oposición, por su parte, quedó decepcionada pues esperaba con ansias algún tipo de desplante o regaño procedente del mandatario norteamericano. No obstante, la triste realidad es que en Estados Unidos a nadie le importó el encuentro.

Históricamente, Colombia ha tenido una relación privilegiada con ese gobierno. Para ser un país tan pequeño, con una dinámica comercial que poco impacta al gigante del norte, nuestra cercanía ha sido desproporcionada. Existen principalmente dos razones. Primero, la guerra contra las drogas liderada desde EE.UU. y el hecho de que Colombia haya sido el principal productor de cocaína del mundo. Segundo, nuestros embajadores han sabido explotar esta preocupación y con destreza han desarrollado vínculos estrechos al interior de los partidos políticos y en todos los niveles de poder.

Hoy, Colombia ya no es el mayor productor de narcóticos y el enfoque de las relaciones internacionales del gobierno de Trump no le da importancia a países como el nuestro. Prueba de esto es que mientras escribo esta columna, medios como CNN, el NYT, el Washington Post o Político no han reseñado la reunión de los mandatarios. A pesar de la impopularidad doméstica, Santos es reconocido y respetado internacionalmente. En ese aspecto el Nobel de paz fue la culminación de un trabajo en el que ha sido exitoso. Por ende, que el encuentro haya pasado desapercibido demuestra hacia dónde está enfocada la política exterior de los Estados Unidos.

A diferencia de lo que ocurre en Colombia, para los norteamericanos las relaciones internacionales es uno de los temas más importantes en una campaña electoral. Obama, por ejemplo, respetó la autonomía de las naciones extranjeras, trató de no intervenir en guerras ajenas y logró integrarse con muchos países a través de tratados comerciales tales como el fallido TPP. Ese mandatario, de ascendencia africana, quien vivió en Indonesia, representó un cosmopolitismo que atrajo a las bases demócratas.

El caso de Trump es totalmente opuesto. Sus electores pertenecen al ala republicana y solo les interesa aquello que beneficie a Estados Unidos. No es coincidencia el eslogan de su campaña “Make America great again”. 

Tener buenas relaciones con países que no le aportan nada a los americanos no está en la agenda de su presidente. Por el contrario, amenazar a México (la inmigración es la manera más fácil de culpar a alguien por los empleos perdidos) y atacar al Estado Islámico que supuestamente los amenaza sí le suman a esta base electoral. El enfoque de los próximos años será este y poco espacio le quedará a Colombia para jugar un rol en la Casa Blanca. El tema de Venezuela puede generar algo de interés como se evidenció en esta visita pero, en últimas, al mencionado perfil de norteamericanos no les importa lo que pase allí.

Nuestro presidente regresará feliz puesto que le mantuvieron US$450 millones de apoyo, el jalón de orejas por el incremento en los cultivos de coca fue diplomático y además lo felicitaron por el Nobel. Sin embargo, queda claro que este es el momento para que Colombia se posicione como líder regional ya que EE. UU. estará mirando hacia otras regiones del mundo.