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Recientemente se publicó el informe de la Comisión de The Lancet sobre las amenazas del siglo XXI a la salud. No es un catálogo de apocalipsis. Es un inventario de lo que, de aquí a 2100, puede costar al menos 1.000 millones de años de vida sana y que todavía es modificable con política. De cientos de riesgos, eligieron 17. Dos tienen potencial de extinción: el uso malicioso de la inteligencia artificial y el conflicto nuclear. Los otros 15 son menos espectaculares y más peligrosos: contaminación del aire, resistencia antimicrobiana, desnutrición, cambio climático, conflicto, caída de la ayuda en salud, alcohol, hipertensión, desigualdad, baja educación, pandemias, obesidad, mala salud mental, tabaco y envejecimiento no saludable.
El dato que más incomoda no es el nuclear. Es la obesidad. Combinando índice de masa corporal alto, dieta pobre y poca actividad, la diferencia entre el mejor y el peor escenario puede llegar a 23.000 millones de Dalys de aquí a 2100 -unas 46 pandemias de covid. Es la suma de lo que ya sabemos: sedentarismo, comida ultraprocesada y ciudad que no se camina. Colombia aparece con 24% de obesidad y más de la mitad de los adultos con exceso de peso. El ranking no es consuelo. Es factura.
“Las amenazas más caras no son las que salen en el noticiero. Son las que ya están en el plato y en la silla.”
Las amenazas están conectadas. Desigualdad y baja educación pueden sumar más de 13.000 millones de Dalys evitables cada una. Limitar el calentamiento a cerca de 1,8 °C en lugar de 4,4 °C podría evitar casi 1.900 millones de años de vida sana solo por calor y contaminación. Y el uso malicioso de la IA entra en la misma lista que el tabaco porque el daño potencial es enorme, aunque la probabilidad sea baja.
Para Colombia, la lista no es abstracta. Conflicto que no termina, desigualdad que se hereda, educación inequitativa, salud mental que llega tarde y un sistema que paga la enfermedad cuando ya estalló. Cada amenaza es “amenable”: hay margen. El margen no está en un hospital más. Está en el PAE que deje de ser solo caloría, en el parque que se pueda usar, en la escuela que no se cierre a las cinco y en la gobernanza de la inteligencia artificial antes de que el riesgo se vuelva irreversible.
El valor del informe no es el ranking de miedos. Es la métrica común: años de vida sana que se salvan o se pierden según lo que se decida hoy. Las dos amenazas que pueden extinguirnos son reales. Las otras 15 ya nos están cobrando. La pregunta no es si vamos a enfrentar las 17. Es cuántas vamos a seguir tratando como inevitables cuando el dato dice que no lo son.
Los subsidios de arriendo, útiles para mitigar el choque inicial, terminan generando presiones inflacionarias si no se acompañan de más vivienda. Más oferta de vivienda, y de mejor calidad antisísmica, tiene que ser parte indispensable del plan de reconstrucción
En otras palabras, la mano de obra y el capital en la economía colombiana están subempleados por debajo de sus posibilidades. La economía podría crecer mucho más si esos factores productivos se emplearan de manera más eficiente