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El oprobioso centralismo

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Infortunadamente, pese a los esfuerzos de varios gobiernos por desconcentrar al país y especialmente el del presidente Santos, que venciendo la oposición de las regiones productoras de minerales e hidrocarburos, logró que el Congreso Nacional aprobara modificar la Ley de Regalías, buscando repartir de manera más equitativa entre todas las regiones del país las regalías generadas por la producción de esos recursos naturales, lo cual le está permitiendo a los departamentos que anteriormente no recibían esos aportes, invertir en educación, salud y mejoramiento de su infraestructura vial. Recordemos que bajo la norma anterior, esas regalías se giraban mayoritariamente a las regiones productoras, en donde gobernantes inescrupulosos no solo las malgastaban en obras suntuarias, como piscinas de olas y parques recreacionales que nunca se terminaron, sino que exigían jugosas coimas a los encargados de ejecutarlas. Numerosos alcaldes y gobernadores de esas regiones han sido destituidos o encarcelados por malgastar o apropiarse de esos recursos.

No obstante la importancia de la anterior medida, pareciera que la “centrífuga” centralista es imparable, como lo comprueban los altos índices de concentración de las entidades estatales y de muchas de las empresas que están llegando al país, creando mayores oportunidades de empleos bien remunerados, y por ende, la migración hacia la capital de numerosos profesionales de provincia, ¡produciéndose una nociva fuga del talento regional! 

Una clara demostración de lo anterior, es el hecho de que aproximadamente 50% de los beneficiarios de las becas que otorgan las diferentes entidades privadas y estatales a quienes pretenden realizar estudios de maestrías o doctorados en el exterior residen en Bogotá, cuya población solo representa  17% del total nacional, o sea que el número de becarios capitalinos es tres veces superior a su participación poblacional. 

Otro claro ejemplo de lo nocivo que resulta para el país  este esquema centralista, es el caso del Palacio de Justicia de Cali, que fue destruido por una bomba colocada por las Farc hace más de cinco años, obligando a trasladar los numerosos juzgados que allí funcionaban a diferentes sedes inadecuadas e inseguras. Pero lo increíble es que su reconstrucción solo se vino a ordenar dos años después de ese acto terrorista, ¡y hasta el momento solo una de sus dos torres ha sido habilitada!

Como creo que a Colombia le conviene tener un desarrollo homogéneo de sus regiones, sugiero que quienes habitamos en la provincia aunemos esfuerzos para lograr que los gobiernos nacionales de turno otorguen mayor autonomía a sus dependencias regionales, lo que a su vez se traduciría en mayor eficiencia para las empresas ubicadas por fuera de la capital.

Así mismo, deberíamos exigirles a los directivos de las aerolíneas que operan en el país que ofrezcan un mayor número de vuelos entre las regiones de provincia sin escalas en Bogotá, pues por ejemplo, para viajar de Cali a Bucaramanga o a algunas de  las ciudades de la Región Caribe, nos toma más tiempo que trasladarnos de nuestra ciudad a Miami, ¡lo cual por supuesto dificulta   la realización de negocios entre nuestras regiones!

Los empresarios de provincia debemos acordar una estrategia para lograr que Colombia tome conciencia sobre la importancia de cambiar el actual modelo centralista, que constriñe el desarrollo homogéneo de sus regiones, para planteárselo al presidente Santos, si resulta reelegido para un segundo mandato, o en caso contrario a quien resulte vencedor en las próximas elecciones presidenciales.

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