ANALISTAS

¿Sentido común?
jueves, 30 de abril de 2020

Más columnas de este autor Eric Tremolada - eric.tremolada@uexternado.edu.co

El éxito de las cuarentenas que viven los distintos países del mundo para enfrentar la pandemia depende de lo temprano que se adoptaron los confinamientos y los medios de diagnóstico. Es una política pública basada en datos epidemiológicos que obedece a la capacidad de realizar pruebas tempranas masivas, hacer la trazabilidad de los contactos y aislar y separar a los infectados. Para esto se necesitan servicios sanitarios robustos y preparados con unidades de cuidados intensivos -incluidos respiradores- de acuerdo con la proyección epidemiológica.

Por su parte, y hasta no revaluar el sistema socioeconómico, nuestras vidas y actividades dependerán de la previsión económica que se calcula con el total de bienes y servicios disponibles a un determinado precio, en un determinado período de tiempo. De ahí la dificultad de hacer proyecciones económicas y la necesidad de acompañar las cuarentenas evitando al máximo la destrucción de empleos para que, una vez se relajen los confinamientos, las empresas retomen su actividad rápidamente.

La crisis global a que nos aboca el covid-19, aumenta la brecha entre Estados ricos y pobres de forma exponencial. No todos los países tienen las mismas posibilidades presupuestales: unos se dan el lujo de no destruir en demasía el empleo, otros dedican esfuerzos en mejorar la cobertura de los desempleados, pero todos, sin excepción, tienen que competir en la adquisición de los escasos medios de diagnóstico y crédito, un sin sentido que se podría atender de forma más eficiente -y sobre todo justa- vía cooperación internacional. No obstante, los gobiernos mientras suman en sus países muertos y destrucción de empleo, compiten con medidas unilaterales y critican la multilateralidad.

La situación se agrava -con marcadas diferencias- en Estados en que la economía depende, en porcentajes altos, de la informalidad. Solo en Colombia, más de la mitad del empleo es informal y casi 50% de su producción y comercio provienen de este sector. La dificultad de mantener los confinamientos y programar reaperturas graduales depende, en gran medida, de atender este sector y, por supuesto, de la capacidad hospitalaria y la oportunidad del diagnóstico temprano. Mi padre putativo de 87 años fue hospitalizado y tratado y 20 días después aún no tenemos resultados.

Víctimas de sus propias acciones y omisiones, los Estados -sin excepciones significativas- recortaron por décadas los presupuestos en salud y no dieron soluciones a una informalidad que no contribuye a la redistribución de riqueza y enquistó dentro de la sociedad unas mafias que viven de ellos.

En tanto, hay cientos de intoxicados en EE.UU. con desinfectantes aplicados mediante inyección o ingestión siguiendo los “sarcasmos” de su Presidente, el mismo que tomó medidas tardías de confinamiento y llama patriotas a quienes protestan armados para desatender las medidas sanitarias. En el Reino Unido Johnson, quien también tardó en confinar porque pedía una cuota de muertos a los británicos en favor de la economía, determinó, al fin, la suerte de los contagiados incluidos su amante embarazada y él. Es el mismo líder que defendió el brexit, entre otras por estar en contra de la libre circulación de personas que opera en la UE y de la que aún depende 13% del personal sanitario de su país. Tuvo que agradecerle su vida a un enfermero portugués.