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El actual liderazgo estadounidense, bajo Donald Trump, es un símbolo de la descomposición imperial de este país. Con un estilo de mando inmoral, arrogante, desbocado y nepotista, que prefiere rodearse de “lacayos” en vez de conocimiento técnico, recuerda los rasgos neronianos que evocan a los emperadores romanos tras la época dorada, cuando gobernaron haciendo un uso muy parecido de la milicia, la riqueza y el poder.
La impulsividad que caracteriza al actual inquilino de la Casa Blanca se manifiesta en el uso frecuente de amenazas que, en el caso de la guerra que emprendieron contra Irán, no solo se presentan como acciones bélicas ilegales utilizadas como meras tácticas de negociación, sino que llegan al extremo de hablarse de “muerte a su civilización”.
La caída de Roma se vio precedida por una serie de emperadores que mal gestionaron los recursos del imperio. ¿Líderes “inadecuados” que evidenciaron un fallo sistémico después de los denominados “cinco buenos emperadores”? Dentro y fuera de EE.UU. se critica la “repugnante ligereza” con la que se profieren amenazas genocidas y la acumulación de reveses estratégicos, como los casos de Irak, Libia y Siria, que mencionamos el 12/03/26.
La centralización excesiva y la inestabilidad política debilitaron a Roma; en EE.UU. se percibe que el sistema no ha encontrado formas de gobierno que impidan derivas que nadie frena. Rómulo Augústulo, el último emperador romano de Occidente, fue visto como un usurpador no reconocido por otros. Hoy, los aliados de EE.UU., sin un rechazo claro, observan su liderazgo con desprecio y la nación se acerca a la etiqueta de “Estado canalla” por despreciar el derecho internacional.
Si bien EE.UU. es una potencia con envidiables recursos, su actual liderazgo está provocando estragos en sus cimientos y principios fundadores, asemejándose a la decadencia de Roma. Combina errores estratégicos, subestima el ascenso de competidores como China y, día tras día, suma pérdidas de confianza internacionales y, lo más grave, internamente no es consciente de que estos son síntomas de un proceso de debilitamiento imperial similar al que condujo al eclipse final de Roma.
Lo curioso es que Irán, considerado por Occidente como un país poco confiable, hoy, mediante una carta del presidente Masoud Pezeshkian, resalta los principios del derecho internacional al definir sus acciones, en esta guerra, como una “respuesta mesurada basada en la legítima defensa” frente a la presencia militar extranjera en sus fronteras. Además, califica el ataque a la infraestructura vital energética e industrial como un “crimen de guerra” y subraya el principio de cumplimiento de los tratados al afirmar que Irán “cumplió con todos sus compromisos” en los acuerdos alcanzados, contrastándolo con la retirada unilateral y las agresiones provocadas por parte de Washington en medio de los diálogos. Finalmente, recuerda que Irán, en su historia moderna, nunca ha optado por la agresión, la expansión ni el colonialismo, y mantiene una postura de respeto por la comunidad internacional frente a lo que califica como “caprichos políticos” de potencias extranjeras.
¿Estas acciones demuestran fuerza o desconcierto estratégico e incapacidad para alcanzar soluciones sostenibles? ¿La democracia estadounidense ha perdido la capacidad de otorgar el poder a líderes no populistas? ¿Es indicador de un fallo sistémico?
Es inaceptable que el país continúe con elevados niveles de desigualdad y que, además, la incidencia de la pobreza monetaria se mantenga en porcentajes cercanos a 30%. Los logros obtenidos en la lucha contra la pobreza no permiten ser optimistas. Hace 10 años, en 2014, había 16,4 millones de pobres
Delitos como el secuestro, la extorsión y los homicidios han aumentado en algunos casos por encima de 100%. Hay alrededor de 27.000 hombres en armas entre todos los grupos armados
Según Swiss Re, una de las compañías de seguros y gestión del riesgo más grandes del mundo, 70% de estas pérdidas no cuentan con cobertura, ampliando una brecha que ya representa un riesgo económico global