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La infraestructura y el bajón económico

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Eric Parrado Economista jefe del BID

Incluso en los mejores momentos, crecer es un ejercicio cuesta arriba para Colombia y las economías de América Latina y el Caribe, y el panorama global acaba de oscurecerse.

Estimamos que la desaceleración de las economías de China y Europa -junto a un potencial shock financiero- frenaría el crecimiento anual del PIB para la región a solo 0,8% en 2019-2021, partiendo de una base de 2,5%. Es fundamental que la región encuentre maneras de impulsar el crecimiento desde dentro.

Esto, desde luego, no es nada nuevo ni tampoco fácil. América Latina presenta rezagos de productividad que requieren cambios en varios frentes, desde el marco tributario hasta el mercado laboral. Muchos han sido ampliamente analizados. Sin embargo, hay una opción que queda al alcance de la mano y que se conoce menos: la necesidad de más y mejor inversión en infraestructura.

Estimamos la brecha de la inversión en infraestructura de US$150.000 millones al año. En cuanto a la calidad de la infraestructura se sitúa por debajo de las otras regiones, con la excepción del África subsahariana.

Colombia aún tiene camino por recorrer en materia de infraestructura, y su crecimiento económico continúa explicándose fundamentalmente por acumulación de factores como aumentos en la fuerza laboral, y no por aumentos en la productividad que podrían ser apalancados por mayor inversión en infraestructura. Más inversión en sectores claves como transporte, energía y telecomunicaciones ayudaría al país lograr un crecimiento sostenible.

Los beneficios pueden ser enormes. Nuestros cálculos muestran que, si los países pueden aumentar la inversión en infraestructura para cerrar la brecha con los países de la Ocde, la productividad general aumentaría en un 75% con respecto al promedio histórico. Esto significa que el ingreso per cápita de la región podría duplicarse en casi la mitad del tiempo.

La pregunta es cómo se puede mejorar la infraestructura en un momento de altos niveles de deuda, con presupuestos fiscales ajustados. Una alternativa prometedora es la inversión privada. Hay numerosos fondos privados que buscan rendimientos superiores a la tasa de interés internacional, y dado su perfil de riesgo y retorno, los proyectos de infraestructura pueden ser una salida útil para estos fondos. Lo que falta son maneras de conectar la oferta disponible de financiamiento global con la demanda local.

Desafortunadamente, numerosos países en la región carecen de marcos adecuados para identificar, seleccionar y desarrollar proyectos de infraestructura complejos que combinen recursos públicos y privados. Un paso en la dirección correcta consiste en atraer inversores institucionales como los fondos de pensión, las aseguradoras y los fondos soberanos, y relacionarlos con proyectos que cumplan con su necesidad de generar retornos a largo plazo para sus inversiones.

A nivel nacional, los países podrían crear fondos que emitan bonos de infraestructura para atraer inversores institucionales. Los ingresos se invertirían en vehículos de propósito especial a nivel de proyecto, quizá refinanciando préstamos otorgados por los bancos comerciales para la fase de construcción.

Nuestra región se encuentra en un momento crucial, donde las perspectivas de crecimiento son mediocres, los riesgos externos son considerables y los factores domésticos, como los presupuestos fiscales ajustados, crean importantes desafíos. Al mejorar la infraestructura, podemos liberar el potencial de la región y encaminar a sus ciudadanos hacia una mayor prosperidad.

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