Analistas

¡Sí!

Después de la tempestad viene la calma. Lo enseña la experiencia, fuente de toda sabiduría. El ser humano es un ser en el tiempo. Y como lo enseña el Eclesiastés, “hay un tiempo para todo”. Un tiempo para todo lo que se hace bajo el cielo: un tiempo para nacer, un tiempo para morir, un tiempo para plantar, un tiempo para cosechar, un tiempo para matar, un tiempo para sanar, un tiempo para destruir y un tiempo para construir.  En fin, todo tiene su tiempo. Lo sabio es identificar correctamente el tiempo y que hacer en él.

Hoy, invito a votar el dos de octubre por el sí. La invitación la hago pública, porque soy un convencido de que la paz es necesaria y es el preciso momento de avalarla diciendo sí.  Bienvenido el acuerdo que las Farc han suscrito con el Estado Social y Democrático de Derecho de nuestra Nación. Es una invitación por el sí al sometimiento a las reglas del Derecho Internacional Humanitario y a ponerle fin a la guerra mediante el diálogo.

Soy un hombre de paz. Amo la convivencia y la política. Soy un cristiano, católico, por lo cual, en todo lo que hago, el amor al prójimo se manifiesta con intensidad y claridad. 

La huella del narrador queda adherida a la narración como las del alfarero a la superficie de su vasija, enseñaba Walter Benjamín, en su escrito, “El narrador”. Es por esto que invito a votar por el sí. Mi profundo y radical amor al otro me enseña que hay que apoyar la paz.

Los miembros del grupo armado que se desarman y reintegran a la vida de la sociedad civil son hombres y mujeres con dignidad humana. Ellos no pueden ser instrumentalizados por la política, por el contrario, la política debe considerar y valorar que en este preciso momento hayan renunciado a la violencia. 

No es un tiempo para la muerte. Es un tiempo para vivir en dignidad, en un ambiente de tolerancia e inclusión. No deben continuar doblándose las campanas, como por desgracia lo han hecho, por la guerra entre hermanos de esta Nación. Es tiempo para sembrar el campo de tolerancia. 

No olvidemos al poeta irlandés John Donne y su poesía: “¿Quién puede desoír esa campana cuya música lo traslada fuera de este mundo? Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de la tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de tus amigos, o la tuya propia. Ninguna persona es una isla en sí mismo, la muerte de cualquier persona me afecta porque me encuentro unido a toda la humanidad”. 

El poeta agrega, ¿que no preguntes por quién doblan las campanas?, porque doblan, por ti, que es igual a decir que doblan  por cada uno de nosotros. 

Para que la guerra no siga alimentado las fuerzas que hacen sonar las campanas que anuncian la muerte que se deriva del conflicto armado, es por lo que invito a votar por el sí a los acuerdos que se someten a plebiscito. Votar por el sí es el camino para frenar la escalada de muertes que deja la guerra. Es votar por la vida, la dignidad humana y la tolerancia.

El dos de octubre tenemos una bella oportunidad para caminar hacia la superación del conflicto armado no internacional que sufrimos. Es una oportunidad para el perdón y la paz. Es tiempo de paz, es tiempo para la dignidad humana, es el tiempo para fortalecer una cultura de tolerancia para el Estado de Derecho, nuestro Estado lo es. Se hace camino a la paz y ese camino se abre al votar, en forma masiva, por el sí. Sí, a pesar de las imperfecciones del acuerdo. Somos humanos, no somos perfectos y nuestros actos tampoco. Digamos, sí, sin miedos.