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Innovación colaborativa

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La productividad que hará sólida la economía del futuro está amarrada a los procesos de “innovación colaborativa”. Solo así, logramos una economía más rentable y productiva. Esta es la tendencia que permite estandarizar procesos creativos para inventar productos o mejorar procesos que lleguen a mercados más complejos, exigentes y rentables, con valor agregado fruto precisamente de ese tipo de innovación.

Los procesos creativos no son chispazos de suerte. Más bien son el resultado de largas etapas de trabajo organizado y disciplinado con objetivos claros. Se hacen formando y entrenando equipos que puedan avanzar en su trabajo de una manera especializada, y se requiere también de un liderazgo que tenga como meta lograr que las ilusiones se hagan realidad a través del trabajo colectivo.

Hay que fortalecer el ecosistema con la incubación de empresas anclas y creativas que formen un engranaje productivo que permita avanzar en materia de desarrollo económico.

El principal mecanismo para lograr estos procesos es intentarlo, aprovechar, al máximo, los errores en que el grupo pueda incurrir. Son precisamente estos el inicio de todo lenguaje innovativo. Así como las peleas internas bloquean los procesos creativos y los llevan a etapas estériles, por el contrario, si estamos abiertos a aprender en cualquier momento se producen los procesos que armonizan el conocimiento y los resultados.

Se requieren tres pasos para un proceso de innovación: creatividad, y para esto hay que tener el músculo de la creatividad entrenado. No dejarse bloquear con el concepto de “no soy creativo”.

Para ser creativo hay que tener orden, disciplina, persistencia y permanecer en el proceso de búsqueda de soluciones a los problemas. En muchos casos se debe dejar de lado las reglas restrictivas y las barreras mentales, buscar nuevas formas de hacer las cosas. Ese es el gran desafío, cambiar modelos, paradigmas y costumbres.

El segundo paso es la creación de ideas, fruto del primer paso, para solucionar problemas grandes.

Finalmente, al tercer paso es llegar al proceso de innovación, cuando ya las ideas están concertadas, concretas e implementadas. Todo el proceso debe estar alimentado por las personas que intervienen, esa debe ser su motivación principal. Crear es hacer y arriesgar; matar buenas ideas mata el futuro.

Innovar tiene que ser para generar valor y lograr que haya personas dispuestas a pagar por el producto que se está inventando o que se está creando, el mercado es la prueba definitiva de un producto. Si la gente no lo compra, no tiene absolutamente ninguna posibilidad de triunfar, así sea una creación excelente.

El conflicto de opinión nos lleva a soluciones diferentes, por eso los equipos deben propiciar y estudiar una discusión permanente, amistosa y productiva para realmente llegar a niveles de máxima creatividad y hacerlo de forma sistemática.

Por último, lo más importante es la actitud. En todas las actividades se puede y se debe innovar, no está restringido para unas áreas. Se trata de equipos interdisciplinarios.

Por eso hay que agendar la creatividad, hay que tener una actitud hacia el éxito con la innovación, hay que aceptar el error como parte del proceso y hay que abanderar el proceso de innovación en los grupos empresariales, académicos, sociales o gubernamentales, para que sin miedo al error se pueda tener el sueño colectivo de la creación y de la creatividad en grupo.
Es un cambio total de chip.

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