Analistas

¿España federal?

Hace pocos días regresé con la Misión Colombia, País de Regiones “Descubriendo España” conformada por 30 personas, entre los que estaban académicos, empresarios y periodistas.

Tuvimos la oportunidad de estudiar el modelo de comunidades autonómicas españolas en tres parlamentos distintos: en Zaragoza (Comunidad de Aragón), Madrid (Comunidad de Madrid) y Barcelona (Comunidad de Cataluña)

El camino nos lo abrió la Fundación de Estudios Parlamentarios y del Estado Autonómico “Manuel Giménez Abad” que hace parte de las Cortes de Aragón que nos invitó porque en 2010, cuando era Gobernador del departamento del Atlántico, alcanzamos un respaldo en las urnas de 2.5 millones de votos para la conformación de la región Caribe, hecho que el gobierno central ha desestimado.

El secretario general de la Fundación, José Tudela Aranda no se explica cómo un hecho tan contundente como éste no haya tenido las repercusiones que debiera tener ¡Es un mandato de toda una región! -decía siempre este letrado de las Cortes de Aragón.

En España pudimos observar un país en plena ebullición, una nación informada, interesada en ser escuchada, en opinar sobre la eficacia de la estructura territorial del Estado para manejar los asuntos públicos, reducir la pobreza, salir del atolladero fiscal,  soslayar el desempleo y retomar la senda del desarrollo económico en libertad y democracia.

Vimos una España vibrante, con una pasión política que invade todas las esferas de esa sociedad porque la política es pasión ciudadana y pasión académica muy profunda porque representa el sacrificio que duele o se gozan.

¿El denominador común? Hay participación de la ciudadanía y hay ciudadanía con conciencia, por tanto, hay responsabilidad compartida, en procura de superar las adversidades del presente.

Los españoles creen haber construido un país sólido, un imperio líder en la historia del mundo: “En mis dominios no se pone el sol”, declaraba Carlos V.

A pesar de sus crisis, han consolidado un modelo autonómico que están dispuestos a revisar, no para retroceder a centralismos dictatoriales superados,sino para enriquecer el modelo de Estado que los rige. No pueden, ni quieren, dilapidar la herencia que han recibido. No piensan en el Estado que padecen sino en el Estado que podrán gozar sus hijos.

Tienen claro que si es necesario transformar la Estructura del Estado para adecuarse a las necesidades de la  postmodernidad, a la nueva Europa unitaria y plural, a las exigencias de un desarrollo económico y social nacional en un marco de integración supranacional, pero con la fuerza convergente de las Comunidades Autónomas españolas, están dispuestos a hacerlo, pero saben que se requiere voluntad política, transacciones, negociaciones y mucho entendimiento.

¿Será preciso en España evolucionar hasta una estructura  Federal del Estado con el fin de fortalecer el histórico proceso de autonomías? ¿Será una manera de mantener la unidad de España  para garantizar su continuidad como Nación?

Los expertos opinan que sin haberlo declarado, España es un país federal por el alto grado de autonomía regional que posee, no obstante, hay aspectos formales que no permiten que sea catalogado como un Estado federal clásico.

España tiene una crisis económica fruto de un endeudamiento asfixiante que se hizo para construir, en muy corto plazo, una costosa y excesiva infraestructura física y social: vías, trenes de alta velocidad (AVE) y puertos.

En estas circunstancias difíciles, justo es reconocer que ha habido abusos, fuerzas depredadoras, gastos innecesarios y desorden en el manejo de recursos públicos. Hoy deben pagar más por ese endeudamiento que por su propio funcionamiento.

Sin embargo, la crisis ha servido para revisar el costo del Estado, su estructura y sus inversiones. Tendrán que ‘adelgazar’ el Estado Central y también reducir los gastos y la burocracia regional.

La discusión central gira en torno a quién carga con el déficit global que, según las exigencias de la UE,  no debe llegar al 4,5% del PIB. El gobierno quiere apoderarse del 3,8% de ese déficit y dejarles a las comunidades autónomas 0,7%. Los gobiernos regionales protestan, tratan de negociar y quieren tener un techo del déficit de 1,5%.  Ese es el meollo de las discusiones.

Las autonomías contraargumentan que ellas se sostienen, pero que Madrid, por el contrario, es mantenida y que debe ser el Estado el que asuma una mayor responsabilidad para poner en orden el déficit.

Entonces, concluyo, nos gusta el Modelo Autonómico Español, pero con sus revisiones y recortes como parte del aprendizaje que hemos vivido de cerca.