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Analistas 04/07/2018

Democratizar los partidos políticos

Eduardo Verano de la Rosa
Gobernador del Atlántico

La democracia contemporánea descansa en los partidos políticos. Por fuera de estos no es posible su existencia. Son los canales naturales institucionales que formalizan la manifestación de la voluntad de la sociedad civil. Los partidos tienen que estar fuertemente legitimados y enraizados en la conciencia de los ciudadanos.

Se puede afirmar, en forma categórica, que la fortaleza de una democracia contemporánea reside en el grado de institucionalización de los partidos políticos y esto bien lo describe el profesor venezolano José Enrique Molina Vega, en su trabajo Nivel de institucionalización del sistema de partidos y personalización de la política en América Latina, al definirlo como: “(…) el proceso por el cual adquieren valor y estabilidad las organizaciones y procedimientos”.

Los partidos políticos, a fin de que se institucionalizasen, deben estar incurso en un permanente proceso en el cual adquieren valor y estabilidad las organizaciones y procedimientos.

Ese valor en una democracia contemporánea no puede ser otro que el de la defensa de ese sistema de gobierno, de sus valores, principios y reglas. El valor esencial de los partidos es que su vida interna y externa tiene que estar sujeta a la democracia, sin esta, ellos son débiles.

Esta debilidad de los partidos en nuestro país se manifiesta en cada elección y constituye un reflejo de que su vida no se gobierna por los valores, principios y reglas de la democracia. Todos, sin excepción, se caracterizan por ser minoritarios y tener poco anclaje en la sociedad, muchos nacen y desaparecen con suma facilidad. Es decir, el sistema de partidos en nuestra democracia presenta una seria volatilidad.

Reflexionar acerca de la escasa institucionalización de los partidos políticos es una tarea política e intelectual orientada a la defensa de la democracia contemporánea. En el horizonte percibimos la presencia de un fenómeno que está presente en Europa y América que pone en peligro la democracia: el populismo es sus distintas presentaciones. Su presencia tiene un pie que le sirve de apoyo: la escasa institucionalización de los partidos políticos y sus debilidades.

¿Cómo responder ante el peligro del populismo? La respuesta es sencilla: institucionalizar los partidos políticos. ¿Cómo se institucionalizan?: democratizándolos. Los nuestros no tienen estructuras y procedimientos democráticos, todos presentan un rasgo común y es que están gobernados por jefes y caciques. Esta es la cruda realidad. Mandan ellos.

Norberto Bobbio, en Teoría General de la Política, señala cómo en los procedimientos universales de la democracia, “(…) 2. El voto de todos los ciudadanos debe tener el mismo peso”. Por lo que, en la vida interna de los partidos políticos democráticos esto debería cumplirse, luego entonces, no pueden tolerarse jefes y menos jefes naturales.
S

í, la defensa de la democracia contemporánea pasa por democratizar los partidos. Sin ello, no es posible salvarla. El poder político y la soberanía de nuestra forma de gobierno descansa en la ciudadanía, por lo que cada uno de nosotros tiene el derecho a que su voto tenga el mismo peso. La democracia contemporánea se construye y se defiende mediante procedimientos y organizaciones por lo que se hace urgente democratizar los partidos.

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