martes, 11 de febrero de 2020

Más columnas de este autor Diego A. Santos - diegosantos1978@gmail.com

Desde que las redes sociales se apoderaron inmisericordemente de la comunicación en internet, la respuesta a esta pregunta se ha ido orientando hacia un no rotundo. ¿Para qué invertir tiempo y recursos en una plataforma propia cuando se pueden obtener mejores resultados, sin invertir un peso, con un buen manejo en redes?

Hay un datos que permiten sustentar esta respuesta. De 1.710 millones de páginas web que hay en el mundo, según reveló a finales del año pasado la revista PC Mag, 99,94% están abandonadas. Es decir, ‘solo’ 200 millones están activas.

A su vez, si uno analiza el tráfico de las páginas web en los últimos años, el decrecimiento es considerable, en gran parte por la migración masiva de audiencia a las redes sociales, sobre todo Millennials y Centennials.
Entre jóvenes emprendedores la lógica es sencilla. Una página tiene costo de dominios, hosting, diseñadores, estrategia de SEO, actualizaciones, mantenimiento y otros gastos ocultos que suman y suman. Facebook, LinkedIn, Instagram, Twitter, YouTube y hasta WhatsApp ofrecen cuentas empresariales gratis.

Quienes optan por la segunda opción acceden de manera instantánea a un mercado de cientos de millones de personas. Con una buena estrategia, algo de inversión en pauta de contenidos y un muy juicioso uso de las redes, la apuesta de redes puede tener un buen retorno.

Y es que montar una cuenta corporativa en redes no es difícil. No requiere de profundos conocimientos digitales, solo de tiempo y, paciencia, paciencia para rellenar todos los campos de información y conectar una cuenta con otra. Hacerlo bien toma tiempo y dedicación.

Ahora bien. Yo era de los que pensaba así. ¿Para qué la página web? Quizás se justificaba para un emprendimiento o negocio transaccional, ¿pero de resto? No, ‘thank you very much!’ Pero como por la boca muere el pez, debo retractarme. Una página web sí vale la pena y es mucho más útil de lo que pensamos, inclusive en esta era de Tik-Tok, Instagram y demás.

Partamos del siguiente punto. Las audiencias que tenemos en nuestras redes sociales no son nuestras. Son de las plataformas. El conocimiento que tenemos de las mismas es próximo a nulo. Facebook, Twitter o LinkedIn apenas nos dan unas migajas de información sobre nuestros seguidores.

El día que una de estas empresas cambie las reglas o cierre por cualquier motivo, esas audiencias se esfuman en un segundo y vaya usted a recuperarlas tras haberles invertido muchos años de su vida. ¿No se acuerdan de MySpace?

Una página web nos permite tener el ciento por ciento del control de nuestra audiencia, audiencia que, dicho sea de paso, debemos capturar de las redes sociales y llevarlas hacia nuestra página. Evidentemente no será jamás tan nutrida como la de redes, pero será nuestra.

Esto implica, sí, un costo, pero es una inversión necesaria siempre y cuando tenga claro el objetivo de su negocio en digital; así como una estrategia flexible que debe ir ajustando con rapidez con el paso del tiempo y, algo que muchas veces nos falta, paciencia. Una página web no solo le sirve a empresas y emprendedores, también es clave para campañas e inclusive es vital para los mismos reyes de las redes: los influenciadores. Siempre será más inteligente invertir en algo que le pertenezca a uno que dedicarle tiempo y dinero a algo que le pertenece a terceros.