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O hacemos algo, o nos jodemos

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Lo que más llama la atención es la reciente unión de un grupo de exempleados de Google y de Facebook.

De tanto repetir una mentira, algo va quedando de ella. Ejemplo de esto es Donald Trump. De igual manera, creería uno, de tanto repetir una verdad, también algo tendría que quedar, aunque ningún ejemplo se viene a la cabeza.

¿A qué viene esta enredada frase? Nada más, ni nada menos, que a reiterar el peligro que representa para nuestra sociedad, y en particular para nuestros niños, el uso descontrolado de las redes sociales y de los dispositivos electrónicos. Cada vez peor.

El debate va tomando fuerza en Estados Unidos. En Europa, ocasionalmente lo tratan. ¿Y en Colombia? Bien gracias, le “entregamos” el país a las Farc y el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, es el “principal culpable” de las impiadosas nevadas en ciudades europeas. ¿Qué nos vamos a poner a hablar de “pendejadas”?

Pues, sucede y resulta que, mientras nosotros arreglamos el mundo, en el último año ha ido cobrando fuerza una corriente de opinión cada vez más calificada que quiere frenar el inevitable ‘harakiri’ al que nos están llevando las redes sociales y los dispositivos móviles.

A este debate se han venido sumando medios calificados como The Economist, The Guardian, The Atlantic y The New York Times.

Hace unas semanas, Marc Benioff, presidente ejecutivo de Salesforce, una de las empresas tecnológicas más respetadas del mundo, dijo sin tapujos que Facebook debería ser una empresa regulada, al igual que la industria de cigarrillos.

Sin embargo, lo que más llama la atención es la reciente unión de un grupo de exempleados de Google y de Facebook para conformar el Centro para la Tecnología Humana, un movimiento que no solo busca generarnos conciencia sobre los riesgos de la tecnología, sino que quieren frenar los abusos de las compañías tecnológicas.

Su más reciente campaña, “Truth About Tech” (“La Verdad Sobre la Tecnología”), en la que van a invertir varios millones de dólares, busca educar a las familias sobre el potencial peligro que causan las plataformas digitales.

Asimismo, detallarán las distintas técnicas al alcance de los padres de familia para combatir las propiedades adictivas de la tecnología. Por ejemplo, una de sus sugerencias es cambiar el color de la pantalla a gris.

Pero el movimiento, que ha recibido más de US$50 millones en financiación, y en el que hay antiguos inversionistas poderosos de Facebook, no solo se quedará en campañas educativas, sino que también iniciará un fuerte cabildeo en Washington para presionar a los congresistas a que regulen a las empresas tecnológicas que usen prácticas de manipulación y que generen adicción conscientemente.

El tema es grave, muy grave, y desde diversos puntos nos están prendiendo las luces rojas para que hagamos algo. El autocontrol es fácil sugerirlo, pero sus proponentes ignoran que este es inútil cuando estás frente a una artillería de dispositivos que son más inteligentes que tú y saben cómo jugar con la mente del usuario.

“Solo Dios sabe lo que (las redes sociales) le están haciendo al cerebro de nuestros hijos”, dijo uno de los fundadores de Facebook el año pasado, Sean Parker.

El Gobierno colombiano, sus congresistas, las universidades, los colegios y asociaciones de padres de familia deben tomar esta amenaza como algo prioritario para el bienestar de nuestra sociedad. La pauta la debemos marcar nosotros. Nadie más.

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