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#MiPutaObra

Desconectarse de la realidad colombiana es una tarea compleja, por no decir que imposible. Todos los días, un maremágnum de noticias entre deprimentes y escabrosas nos amarran a una cruda realidad de la que nos cuesta abstraernos. Y salvo unos pocos, los demás nos resignamos con lo que hay.       

Aunque no queramos aceptarlo, somos un país carcomido por el odio y por la venganza. Por eso vivimos paralizados. Nos alegra más la desgracia ajena que el progreso propio. Y peor aún, el bien común nos importa un bledo. Sobre estos ‘nobles’ valores hemos construido nuestra nación.

Debemos ser de los pocos países en el mundo que deseamos que le vaya mal a un presidente que busca la paz. No hay sino que darle un vistazo a nuestras redes sociales para entrever el decrépito estado de putrefacción en el que se encuentra el alma de los colombianos.

Pero en medio de toda oscuridad, siempre hay un halo de luz del que uno se abraza para olvidar por momentos lo que somos y la triste realidad que vivimos, así nos engañemos con que somos una de las naciones más felices del mundo. 

Para mi, ese halo de luz es la cultura, que sobre todo en tiempos aciagos, siempre acude a nuestro rescate. Lástima la calderilla que le destinan en los presupuestos estatales de cada año. Pese a ello, Colombia no tiene solo uno, sino varios halos de luz.

Uno está en Bogotá, #MiPutaObra, la obra teatral de sátira política del periodista y youtuber de 40 (o 42), Daniel Samper Ospina. 

En poco más de una hora, Daniel nos deleita con una excelente dosis de buen humor en la que desnuda la caricatura de lo que somos como sociedad. Sí, la burla se centra en los políticos, pero es en realidad una crítica velada a todos nosotros, a nuestra vanidad, a nuestra imbecilidad. Que no es poca. 

En Daniel, muchos hemos encontrado una forma de desconectarnos de la claustrofobia que genera este país. Puede que él no sea del gusto de todos, como no lo es nadie en la vida, pero así como a los viejos les tocó el gran Klim, los de nuestra generación podremos contar que tuvimos al gran Daniel. Es más, no un solo Daniel, sino dos. Padre e hijo, ambos tan fantásticos como brillantes.

Claro que la política no es para todo el mundo y #MiPutaObra es eso, política, política políticamente incorrecta. Y ahí vienen otros halos de luz: las múltiples exhibiciones de arte que hay en el país, sobre todo en Medellín. 

En la capital paisa, por ejemplo, los museos de Antioquia, MAM, casa museo Pedro Nel y Otraparte nos ofrecen centenares de momentos de reflexión y una recarga de optimismo de lo que podemos cambiar y llegar a ser. Tenemos con qué inspirarnos, más no lo buscamos. Bogotá no se le queda atrás y cuenta también con su particular oferta museística. 

Pero el arte no es solo pintura y escultura. También el baile y la música. En Cali está Delirio, un espectáculo grandioso de salsa, circo y orquesta, que para mí, no tiene nada que envidiarle en talento, destreza, técnica y alegría al Circo del Sol. (Para transparencia con los lectores, acabo de realizar tres videos para Delirio con motivo de su próxima visita a Bogotá).  

Sin estas personas geniales como lo son Daniel y la gente de Delirio, o los gestores de los museos mencionados anteriormente, así como otros artistas y representantes culturales, este país sería insufrible, verdaderamente insufrible.