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Los gurús estábamos en lo correcto

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No hay nada más fácil y cómodo que analizar el resultado después del partido. Todos nos volvemos gurús, expertos en la materia y sacamos a relucir el yo-ya-lo-dije a diestra y siniestra. Todos, y todas, sorpresivamente, estábamos en lo correcto. Todos somos profesores. Pues para no romper la tradición, seamos expertos entonces.

Las dos campañas que tenían su ‘storytelling’ claro fueron las victoriosas. La narrativa, como se le dice en español, es el arte de contar una historia, de encontrar un arco narrativo sobre el que llevar a los votantes a las urnas para que voten por uno.

Duque y Petro narraron su cuento a las mil maravillas. Fajardo, tras unos meses totalmente perdido, sin storytelling, vino a hilar su narrativa en las últimas semanas, pero ya muy tarde. Eso sí, en apenas unos días cautivó a muchos, lo que demuestra el poder de un buen storytelling.

Duque caló con su historia de una Colombia sumida en el caos, en la impunidad y en la entrega del poder a los criminales. Un Gotham City nacional sin rumbo.

El candidato del Centro Democrático fue hilando su discurso en torno a la amenaza de convertirnos en una Venezuela y de entregarle el poder a las Farc a la vuelta de la esquina.

El villano de su historia era el presidente Juan Manuel Santos y sus ‘secuaces’; su hoja de ruta era clara de cara a millones de colombianos: recuperar el país que le entregó Álvaro Uribe a Santos. ¿Los héroes de esta historia? Uribe y Duque. ¿Resultado? 7.5 millones de votos.

El storytelling de Petro fue otro: una Colombia corrupta manejada por los de siempre, esos que han postrado a la sociedad a la pobreza y la desigualdad. Sus discursos construyeron una oscura amenaza sobre el colombiano de verse bajo una perpetua miseria mientras los de arriba los miran y explotan con desdén y burla.

El candidato de la Colombia Humana identificó al villano de su historia: la oligarquía de Colombia, los ricos, los medios, los poderosos. ¿Y su propósito?: empezar a construir una Colombia nueva, una Colombia humana y pacífica. ¿El héroe? Petro. Aquí no hay cabida para otros. ¿Resultado? 4.8 millones de votos.

La narrativa para segunda vuelta mantendrá su estructura, aunque probablemente se suavice un poco el discurso de ambos, apuntando a conquistar los jugosos votos de Fajardo. Duque, es evidente, parte con más de dos millones de votos de ventaja, pero si Petro logra darle un giro a la historia al mejor estilo de Bryan Singer en “The Usual Suspects”, sorpresas podrían haber el 17 de junio.

El que Duque haya quedado muy por encima de Petro no se debe solo a la narrativa. Tuvo el fuerte apoyo de un titán político como Uribe. Petro, en cambio, conquistó todo su caudal a punta de labia, de historias, lo que representa un enorme mérito. Por ello dar a Duque como ganador ya sería un grave error.

Capítulo aparte, las redes sociales, que serán motivo de discusión en otra columna, no fueron determinantes. Claro que influyeron, ayudaron a propagar los mensajes; muchos de los votos de Petro nacen en redes, pero estos no se vieron reflejados en el comportamiento que uno veía en Twitter o Facebook, donde Petro arrasaba.

¿Por qué pasa esto? Aún no estamos maduros en redes como en Estados Unidos, pero ya es cuestión de un par de años. En 2022 las redes eligen presidente. Estas elecciones fueron apenas un abrebocas.

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