Analistas

¿Elegirán los trolls al Presidente en 2018?

El mundo llegó a temblar. Al menos el de la gente decente, que afortunadamente aún existe. Cientos de millones de personas sensatas tuvieron el alma encogida hasta el domingo pasado pensando en que la xenófoba, intolerante y extremista Marine Le Pen podía alzarse con la presidencia de Francia.

Pese a que las últimas encuestas apuntaban a una victoria cómoda por parte del centrista Emmanuel Macron, los hackers y los trolls de la extrema derecha, que llenaron de mentiras el debate en contra del puntero, sembraron de incertidumbre hasta el último momento el desenlace de las elecciones. Ganó Macron. Ganó holgadamente, con 66% de votos a favor por 34% de su contrincante. Abstención de 25%. Fue una severa tunda en todos los sentidos; Le Pen solo ganó dos de los 107 departamentos de Francia y en París nueve de cada 10 personas votaron por Macron.

A sus 39 años, el líder de ‘En Marche!’ supo combatir la ola de falsedades que vertieron en su contra los trolls de Le Pen, sobre todo en los últimos días de campaña.  La mentira que más daño le hizo a Macron fue que contaba con una cuenta secreta en Las Bahamas. En el último debate entre los candidatos, Le Pen se la lanzó en la cara, pero éste no solo le respondió sin miramientos, sino que la demandó por difamación al día siguiente.  

Asimismo, Macron tuvo que enfrentar un hackeo masivo de los correos electrónicos de sus más cercanos colaboradores. Para fortuna de él, no se encontró nada escandaloso.

Su estrategia de defensa franca, rápida y directa le permitió frenar a tiempo cada una de las falsedades que dijeron sobre él. Sí, fue desgastante, y muchas veces estuvo más tiempo defendiéndose que mostrando su programa de gobierno, pero el electorado valoró su decencia y decorosa pugnacidad, máxime cuando enfrente estaba la reina de las mentiras, del odio y de la manipulación.

Francia no le creyó a los trolls. No ocurrió lo mismo en Estados Unidos. Ni tampoco en Reino Unido. Y qué decir de Colombia. Los trolls son una realidad, una realidad cada vez más dañina y parece no haber manera de combatirlos.

 A la vuelta de la esquina, nuestro país vivirá unas elecciones presidenciales complejas. Y no complejas por el abanico de candidatos y la profunda polarización del electorado, sino por las mentiras rampantes que ya muchos políticos han convertido en su sistemática bandera de batalla.

¿Y entonces? ¿Serán los trolls los próximos personajes que decidirán quién se siente en la Casa de Nariño? ¿Tendrán ese poder? La respuesta es incierta. Quizás los trolls no tengan aún ese grado de influencia. Pero los mentirosos sí lo tienen, sobre todo esos que gozan de bastante credibilidad y ostentan poderosos cargos.

Nunca antes en la historia de Colombia han tenido los medios de comunicación tanta responsabilidad sobre las riendas del país. En sus manos recaerá la obligación de trazar la línea entre la verdad y la mentira, cueste lo que cueste. Es de aplaudir lo que ha venido haciendo el portal de La Silla Vacía con su detector de mentiras, pero su alcance sigue siendo bajo. Los medios con mayor audiencia deben replicar ideas similares. 

Colombia se juega mucho para que, a punta de mentiras, le entreguemos el país a una corriente que sobre falsedades, cinismo, religión y manipulación, busca regresarnos y encerrarnos en las cavernas.